Justicia justa


La Justicia española lleva bastante tiempo en entredicho y esta semana no ha tenido su mejor momento. Lo políticamente correcto nos lleva a usar los tópicos, que son los de que hay que respetar la labor de los jueces y sus decisiones. Aunque es cierto que nunca todo está tan mal como pensamos (lamentablemente en todo tendemos a generalizar), el fallo del Supremo sobre el impuesto de actos jurídicos documentados (comúnmente conocido como «impuesto de las hipotecas») ha dejado al tribunal la altura del betún. Al margen de cuestiones jurídicas que no entraré en ellas, sí que pienso que desde la perspectiva comunicativa ha sido un desastre completo la gestión de este tema.

Es preocupante el aumento de la desafección social con las instituciones, porque aunque comparto que el sistema democrático español requiere de cambios profundos y no de simples maquillajes, también defiendo que nuestra indignación no puede señalar a todos por igual. No obstante, sentencias como la de La Manada crean una lógica reacción negativa, y es complicado ver en ese tipo de fallos que se ha hecho justicia.

Considero que la respuesta del Gobierno de Pedro Sánchez ha sido la correcta. Resultaba primordial garantizar la seguridad jurídica, que es una de las cuestiones que se han señalado que ha generado discrepancias de interpretación entre los jueces del Supremo. También veo acertado que a partir de ahora no sea la ciudadanía la que tenga que pagar este impuesto de las hipotecas. Espero que el cambio sea efectivo viendo que los presupuestos generales del Estado han entrado en una parálisis por el conflicto catalán, que recordemos que también será el Supremo el tribunal que juzgará a los políticos presos. Pensemos que Estrasburgo ha sentenciado que Arnaldo Otegi fue condenado por terrorismo en un juicio que no fue justo. Hasta para quien más execrables hechos haya cometido, la Justicia debe ser justa por el bien de la Democracia.

Valora este artículo

3 votos
Comentarios

Justicia justa