La España que no lo resiste


Este país navega por escabrosos derroteros. Algunos jueces tienen su propia justicia. Y otros, que se han encaramado o los han encaramado en la cúspide de la Corte Suprema, dan tan mal ejemplo que merecen el rechazo de sus colegas de la asociación de juezas y jueces para la democracia, los cuales se pronuncian sin ambigüedades contra las groseras maniobras de la cúpula suprema en defensa de los intereses de la Banca. Estas son sus palabras: «discrepamos del modo que Tribunal Supremo ha gestionado el asunto de las hipotecas y por el daño a los ciudadanos y a la justicia. En defensa de la banca. Pedimos la inmediata dimisión de Lesmes y Díaz Picazo y apelamos al parlamento para que actúe en defensa de los consumidores». Es difícil salir de la perplejidad y del asombro que ha causado en los ciudadanos aún crédulos en el Estado de derecho y en el imperio de la ley este tipo de actuaciones por parte de quienes debería ser referente y garantía de Seguridad Jurídica.

En ese clima de atmósfera viciada, la iglesia inmatriculadora, parece confundir en demasiadas ocasiones el pastoreo espiritual con el abuso sexual. Y para mayor afirmación del espíritu que la jerarquía eclesiástica, aquella que paseó bajo palio al nacional catolicismo encarnado por Franco, juega a la truculencia diplomática sin oponerse a dar cobijo en la gran catedral de la Almudena, en el corazón del Madrid de los Austrias y construida sobre las ruinas de un antiguo alcázar moro, a los restos del asesino Francisco Franco. El palacio Real, contiguo a la catedral y a la plaza de Oriente, en otro tiempo cuajada de camisas azules y brazos en alto, se perfilan como testigos excepcionales del católico entierro del dictador y la resurrección del fascismo.

El perdón de los pecados, que unas veces se resolvía en la hoguera inquisitorial, en el patíbulo de ajusticiamiento guillotinesco, o con el hacha del verdugo o en su versión más brutal del garrote vil, que de todo esto era capaz la santa madre iglesia. Ahora bastará con la propiedad de una cripta familiar para redimir de cualquier crimen, por repugnante que resulte.

En ese mismo clima de nostálgica crispación, un nutrido grupo de patriotas que hicieron carrera militar en la democracia y juraron fidelidad a la misma, ahora la niegan y la rechazan por escrito, en un alarde de fascismo retroactivo.

El Partido Popular que ha gobernado este país durante los últimos años, supura corrupción y actuaciones mafiosas por varios de sus poros.

Y como reiteración de la dinámica impulsada desde donde todos suponemos, un exaltado de la extrema derecha, con vocación de franco tirador magnicida, se propone atentar contra Pedro Sánchez. El ultra secretario general del Partido Popular compara  este proyecto de magnicidio con los escraches a los políticos corruptos. Y por si fuese poco todo este despliegue, de iluminados por la gracia divina y el destino en lo universal, el whatsap se convierte en vehículo excepcional para propagar mentiras destinadas a minar la democracia, a difamar a los políticos honestos y dar vox a los intereses de un capitalismo salvaje en plena orgía de poder real.

Los más conspicuos defensores de las castas que no pagan impuestos, se niegan a regular un salario máximo para sus fieles esbirros de top caché, pero se oponen con todos sus medios (de comunicación) a que se eleve el salario mínimo. El socialismo que se enriqueció «defendiendo» al obrero, al que llevaron al paro y a la ruina, guarda significativo silencio ante las medidas progresistas que defiende el socialismo de grupo parlamentario reducido.

Europa pone banderillas de castigo a una justicia que solo ve rebelión y ofensas raperas a la corona emérita y valora como una dosis de disfrute y alivio las violaciones en toda regla. Y para decorar el panorama callejero, otros que acaudalan en los paraísos fiscales, muestran su patriotismo engalanando sus balcones de rojo y gualda.

Esta es la España de los patriotas opulentos, piadosos hasta la inquisición, y dispuestos a lo que sea para seguir ejerciendo saqueo y dominio.

Viva la España de la gente digna.

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