La tentación del patriotismo electoral


Ustedes me van a perdonar, pero creo que el asunto de Gibraltar y el brexit está manifiestamente exagerado. ¿Alguien ve razones para que la señora May se comprometa a defender la soberanía británica del Peñón? ¿No les suena como un gesto de patrioterismo para convencer a sus adversarios de que no es ninguna vendepatrias? ¿No les parece que se envuelve en la bandera para ganar simpatías? Que sepamos, nadie puso sobre la mesa la reivindicación de la colonia. Ni siquiera se planteó formalmente la soberanía compartida, que tanto gustaría a García Margallo. Ni tampoco se habló formalmente de la doble nacionalidad.   

Respecto a la posición española, por supuesto es razonable: o una nueva redacción del artículo que ignora a España o un añadido escrito, pero que tiene que ser aceptado y firmado por el Reino Unido. Lo que sorprende es la alegría con que el presidente del Gobierno, señor Sánchez, habla de veto, como si España en solitario pudiera vetar el brexit. Lo único que puede hacer es votar en contra sin ningún efecto o buscar el número suficiente de aliados (no menos de veinte) que apoyen a nuestro país, y entonces sí que habría veto efectivo. Y el señor Sánchez puede utilizar el arma de presión de no asistir al Consejo de mañana en Bruselas, pero no pasaría de crear un problema a la Unión.  

Sospecho que en la actitud de nuestro Gobierno hay algo más que la cuestión técnica de la redacción del artículo. Hay, por supuesto, la justicia de la queja, porque no es razonable que se haya cambiado un acuerdo que nos afecta sin darnos ninguna información y permitiendo que el Ejecutivo se enterase prácticamente por los periódicos. Hay el victimismo de todos los nacionalismos al dictaminar que Europa no nos trató como socios leales que hemos sido siempre. Y me temo que hay, igual que en el Gobierno británico, un gesto de envolverse en la bandera.

Históricamente ha sido así: cuando los gobiernos se encontraban con problemas serios sobre la mesa, el recurso a Gibraltar ha sido de gran utilidad. Incluso se organizaron manifestaciones al grito de «Gibraltar español». Durante el franquismo se utilizó mucho. Conociendo a los equipos de Pedro Sánchez, no me extrañaría que hayan encontrado en el brexit y sus efectos sobre Gibraltar la gran oportunidad de fabricar o agrandar un problema para disimular otros más inquietantes, incómodos y urgentes.  

Gibraltar no figura entre las preocupaciones nacionales en ninguna encuesta de opinión, pero le permite decir a Sánchez que a patriota no le gana nadie. Si sus asesores, empezando por el director del CIS, entienden que tiene rentabilidad electoral, no tengan ustedes dudas: Gibraltar se reivindicará como si nos lo acabasen de arrebatar.

Conociendo a los equipos de Sánchez, no me extrañaría que hayan encontrado en el «brexit» y sus efectos sobre Gibraltar la oportunidad de fabricar un problema para disimular otros

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