Hubo un tiempo en el que Boris Izaguirre fue una de las figuras más carismáticas de la televisión en España. Sus intervenciones en Crónicas marcianas, con sus repasos de la prensa rosa y sus histriónicas caídas de pantalones, hicieron de él el colaborador estrella de aquel circo que montaba cada noche por Javier Sardá. Pero el tiempo pasó, la apoteosis marciana acabó y el carismático showman fue quedando apartado poco a poco de la pantalla, devorado, como tantos otros, por su propio personaje.
Ahora la televisión ha llamado de nuevo a su puerta con dos programas que lo devuelven a la actualidad y él no ha dejado escapar el tren. Uno de ellos fue la edición para famosos de MasterChef, que acaba esta noche y en la que Izaguirre hizo hasta su expulsión un digno papel como cocinero inesperado. El otro es la versión española de un reality sobre trajes de novia, en el que Boris asesora a diferentes mujeres en el momento de escoger el que, según el tópico, será el vestido de sus vidas. El peso del programa está en las historias que cada novia arrastra consigo y ahí es donde Boris saca todo el partido a su bagaje como guionista de telenovelas. No sabe mucho de tules como tampoco era experto en los fogones, pero es un personaje que ha estado siempre al servicio del espectáculo.
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