Los suicidas y los fondos buitre


Una mujer de 65 años llamada Alicia, que vivía sola en un piso de alquiler del barrio de Chamberí, se suicidió a las once de la mañana al tirarse por el balcón, cuando un agente judicial, acompañado de una patrulla de la Policía Municipal madrileña, llamó al telefonillo del portal del edificio para proceder al desahucio de la inquilina.

Fue sonar el timbre y escucharse en la calle el impacto mortal del cuerpo de Alicia sobre el asfalto. Según las noticias publicadas, la mujer llevaba varios meses de retraso en el pago del alquiler. Nadie sabía en el vecindario que estaba apremiada por el desahucio. En los últimos meses, en esa zona de Madrid, los alquileres de los pisos han llegado a experimentar una subida de 200 y hasta 300 euros mensuales.

Aunque se informe ahora menos de lo que se informaba en un tiempo, el gravísimo problema de los deshaucios sigue ocasionando muchas desgracias en la vida cotidiana de las grandes ciudades. En el populoso barrio madrileño de Vallecas, según la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) se dan hasta nueve desalojos diarios, una cifra comparable -según está asociación- a la etapa de la crisis/estafa. (Más de un centenar en España). Las administraciones siguen sin ofrecer alternativas habitacionales (la ONU exige que las haya) y los partidos parece que están muy ocupados en resistirse o promover nuevas elecciones, con Cataluña siempre en candelero y banderas de aquí y de allá como conflicto.

¿Servirá el suicidio de Alicia, ocurrido en el centro de Madrid, para que las formaciones políticas reparen en los problemas de la gente y dejen de pensar en como organizarse para ganar votos o utilizar electoralmente sus respectivos necionalismos (no es errata)? Estamos en que actualmente, con la nueva Ley de Arrendamientos Urbanos en la mano, al término del contrato de alquiler se puedan hacer subidas como se están dando en el barrio de la suicida y aún mayores. En los diez últimos años se ha modificado esa ley para que los contratos acabaran en tres años y no en cinco. A los tres años el casero te puede echar. ¿Qué familia va a vivir en un barrio si a los tres años tiene que cambiar a su hijo de colegio? En España, los llamados fondos buitre, que se aprovechan de estas circunstancias para comprar edificios enteros, campan a sus anchas, no como en Francia, Bélgica. Alemania o Reino Unidos, donde existen una leyes que regulan su proceder y ganancias, poniendo coto a su codicia depredadora.¿Qué va a hacer el nuevo gobierno al respecto? Conviene recordar que el del PSOE fue el de los desahucios exprés. Creó decenas de juzgados en España dedicados solo a desahuciar familias. Está bien que se construyan 20.000 viviendas para el alquiler, según la PAH, pero estas son medidas a seis u ocho años de plazo y situaciones como la que ha llevado a Alicia a la muerte son casos de auténtica emergencia social. Hay que plantear otros cambios, como que la Sareb (La Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria,) cese de vender viviendas a fondos de inversión. La Sareb tiene que convertirse en el parque de vivienda pública de este país, en opinión de la PAH. Muchas de las viviendas que tiene proceden de desahuciados, con todo su drama humano detrás, suelos de quiebra de promotoras, etc. La Sareb se creó para salvar bancos. Una parte con dinero público y otra con dinero avalado por el Estado, y el parque de vivienda pública en España sigue siendo ridículo en comparación con otros países de nuestro entorno. Leo que la PAH ha exigido al Ayuntamiento de Madrid explicaciones sobre el caso de Alicia, si estaba al tanto de sus circunstancias y de la posibilidad de que tomara ñla decisión que ayer le costó la vida, porque, en efecto, corresponde a los representantes públicos la responsabilidad en la falta de actuaciones preventivas. A lo peor, con tanto lío de listas y listos para las municipales, estas emergencias las pasan por alto, a pesar del atroz sonido de un cuerpo suicida sobre el asfalto en el corazón de la ciudad, mientras los fondos buitre siguen sobrevolando impunemente a la espera de más presas.

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