La reconquista


Ayer se cumplieron 40 años de la Constitución y la resaca de las elecciones andaluzas y su posible contagio en futuros comicios es sin duda una de las principales preocupaciones para todos. Las encuestas (sobre todo la del CIS) no acertaron con los resultados que se dieron y ahora se pone sobre la mesa varios frentes. Para ninguna de las fuerzas políticas será fácil administrar este nuevo tiempo político en Andalucía, porque quienes han dicho que van a reconquistar España por Andalucía no son nuevos, sino viejos fantasmas que reaparecen en un parlamento 43 años después de la muerte del dictador Francisco Franco.

El PSOE se ha llevado un batacazo. No me hace ninguna gracia escribir esto pero es la realidad. Un bastión del socialismo como es Andalucía nos ha otorgado un mal resultado que se traduce en dos cosas: el más que probable desalojo del Palacio de San Telmo de Susana Díaz y la preocupante decepción de nuestro tradicional electorado, que lamentablemente decidió abstenerse (más de un 40%) el pasado domingo. No me parece ningún mérito, ni a modo de consuelo, decir que somos el partido más votado y con más escaños en todas las provincias (salvo en Almería). Es evidente que el retroceso de la izquierda (incluyendo a Adelante Andalucía, que ni juntando a Podemos e IU han sumado más que hace tres años) debe conllevar una autocrítica seria. No se trata de echar las culpas a una persona concretamente, y puedo hasta añadir a las causas de la debacle a situaciones externas a Andalucía (como es el dilema catalán), pero no creo que se pueda seguir con las mismas dinámicas como si nada hubiera pasado. Aunque a Ábalos se le fue la lengua al hablar en público de que cualquier dirigente está subordinado al éxito del proyecto político con el que se presenta, tiene toda la razón del mundo. Es cierto que no hay muchos antecedentes de dirigentes que habiendo cosechado un lamentable resultado dimitieran (Pedro Sánchez es un ejemplo), pero igual ha tocado hoy a empezar a cambiar esa actitud y, por tanto, considero que lo mejor para el socialismo andaluz es que se cambie de aires. Lo siento por Susana Díaz pero a mi manera de entender debe dar un paso atrás, dejar la primera línea y posibilitar que el PSOE en Andalucía se regenere, se limpie de la mala imagen dada con los ERE y luche por volver a sus mejores tiempos electorales.

Las derechas tienen una oportunidad de oro. Aznar en su día, en uno de los múltiples reproches a Rajoy, dijo que le había pasado un partido unido y que él se lo había dejado a Pablo Casado fraccionado en tres formaciones. Precisamente otra cuestión que debemos aprender de estas elecciones es que aquello de «divide y vencerás» ha pasado a la historia. Ahora está tan segmentado el voto que tres partidos distintos que en antaño estaban reunidos en uno no deben apelar al voto útil sino todo lo contrario. Lo decía antes con Adelante, que pese a contar con Podemos, Izquierda Unida y otras formaciones extraparlamentarias, no han sido capaces ni de repetir lo que por separado obtuvieron hace tres años. Lo verdaderamente preocupante no es que Vox haya conseguido 12 escaños (que son una barbaridad, desde luego), porque ese voto ya estaba en el PP en el pasado, sino que su presencia y su influencia arrastren y obliguen a endurecer el discurso y las políticas a los partidos de la derecha. Yo es donde veo el mayor peligro.

Veremos en qué para la composición de la mesa del Parlamento y, posteriormente, en la formación del gobierno andaluz. Me parece bastante improbable la repetición de elecciones, aunque también en Asturias la derecha sumó más en 2011 y Cascos terminó por adelantar los comicios al ser imposible acordar algo con el PP. No obstante parece distinta la situación, si bien el problema para PP y Ciudadanos no está tanto en sus ganas de sacar al PSOE de la Junta de Andalucía, sino de que ese contagio a otras elecciones que se celebren pasen factura por su sostenimiento en la ultraderecha al igual que se le acusa al PSOE con los partidos que apoyaron la moción de censura a Rajoy. La reconquista de la que habla Vox puede que quede en nada o que empiecen a surgir como setas por diferentes administraciones. Ojalá todo haya sido un mal sueño y fruto de la abstención para que haya posibilidad de revertir el problema. Cuarenta años después de aprobarse la Constitución, una nueva lección para quienes se quedaron en casa: que sepan que sin su participación castigan más a la ciudadanía que a la izquierda. Aunque solamente sirva por rendir homenaje a quienes lucharon por nuestra libertad, votar (a quien cada uno quiera, y si no te gusta nadie en blanco) es moralmente una obligación, bajo mi punto de vista.

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