El talismán


Cuando el último día de campaña de las elecciones andaluzas vi la foto de Albert Rivera y Pablo Casado vestidos con la misma ropa (camisa blanca, jersey de pico rojo y americana azul), tuve la certeza de que algo gordo iba a pasar. Mientras Twitter ardía en chanzas por la coincidencia (el Dúo Dinámico, los Zipi y Zape), yo no podía sacarme de la cabeza aquel mítico jersey de pico rojo de Francisco Álvarez Cascos en la campaña de las elecciones autonómicas del 2011 en Asturias.

Aunque Álvarez Cascos parezca hoy un lastre para su partido, arrinconado para no estropear las fotos, en aquella campaña de 2011 fue el gigante que en sólo tres meses, sin partido, con sus hormigas, su pico y pala, sus tres turnos y un jersey de pico rojo, le ganó las elecciones a Javier Fernández. La insistencia en el mismo jersey durante aquella campaña sugería una promesa, un hábito, un escapulario encarnado ante el reto descomunal de ganar unas elecciones en tales condiciones. A la vista de la inesperada victoria, resultó ser un poderoso talismán. Por eso sentí la puñalada del pálpito al ver a Rivera y Casado con un jersey de pico rojo el último día de campaña. Aquella doble coincidencia, aquella reaparición del amuleto en un momento decisivo, sólo podía significar, como había supuesto en Asturias, una patada voladora al tablero político.

No obstante, aunque parezcan iguales, media un abismo entre aquel jersey de pico rojo de la victoria de Cascos en Asturias y estos de la victoria de Casado y Rivera en Andalucía. Los separa el fabuloso barrigón contra el que Cascos lo ceñía, sacándole bolas de tanto estirajarlo; el pelo grasiento y la nariz rota del boxeador acabado que guarda un gancho ganador para romper una ceja en el último asalto; en resumen, la autenticidad y la mugre que les falta a los dos niñatos imberbes que amenazan muy pavitos sin haber recibido ni dado una mala hostia en la vida. Tal vez por eso Cascos ganó las elecciones contra todos y ellos todavía necesitan de todos para ganarlas.

En este punto y para concluir, por no fomentar ilusiones en la derecha asturiana, siempre necesitada de señales, fetiches y santos, es necesario aclarar, para evitar disgustos y reclamaciones, que el jersey de pico rojo no es infalible. En esa falsa creencia, Cascos se lo volvió a poner el 24 de mayo de 2015 para ir a votar al Colegio Ramón Muñoz, de Luarca, en las elecciones autonómicas de 2015. Unas horas después perdía de un solo golpe 9 de sus 12 diputados. No hay talismán que soporte tanto tentar la suerte.

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