Vox, la otra cara del secesionismo


El impresionante ascenso de Vox en Andalucía ha generado una lógica inquietud en gran parte del país. Pues más allá de aquellas propuestas de la derecha radical que, se coincida o no con ellas, serían legítimas en cualquier sistema democrático (derogar la ley de la memoria histórica o volver a un Estado centralista) Vox muestra una cara decididamente temible al hablar de inmigración o al abordar un asunto como el de la violencia de género de un modo tan ofensivo como frívolo.

Por eso, millones de españoles estamos alarmados ante la perspectiva de que el salto andaluz se repita, en mayor o menor grado, en las locales y autonómicas de mayo. Tal posibilidad no se combate, sin embargo, ni con reacciones teatrales (ese «paremos al fascismo» que se ha sacado de la manga el mismo Iglesias que aplaude las satrapías cubana y venezolana) ni insistiendo en que Vox es un partido de extrema derecha, lo que ni asustó a 400.000 andaluces ni hay indicios de que vaya a amilanar a quienes podrían estar pensando en votarlo en los próximos comicios.

Combatir a Vox exige hacer urgentemente dos cosas muy distintas. La primera, sacar a la luz la realidad de sus más polémicas propuestas programáticas, que, o son pura demagogia o, de ponerse en práctica, romperían algunos de los consensos básicos de nuestra sociedad, trabajosamente construidos a base de tiempo y generosidad entre quienes piensan de forma diferente.

El segundo tipo de medidas es aun más importante: hay que parar de una vez el matonismo secesionista que llevamos sufriendo varios años, cuyo último proyecto, expresado nada más y nada menos que por el presidente de la Generalitat, ha sido su proclama de que para lograr el objetivo de la independencia sería incluso asumible una guerra civil, como sucedió en 1991 en Eslovenia. ¿Se imaginan la que estaría organizada si Vox -de momento 12 diputados en Andalucía y cuatro gatos en el resto del país- propusiese acabar con el Estado de las autonomías por una vía como la española de 1936? ¿Se lo imaginan?

El loco proyecto de ir a una secesión unilateral, aunque fuese al precio de una guerra civil, ha levantado, claro, una inmensa polvareda de palabras, pero no ha cambiado para nada la decisión del PSOE de seguir gobernando con el apoyo de quienes sostienen a Joaquim Torra en Cataluña. El mismo Torra que ordena a los Mossos d’Esquadra no intervenir para garantizar el cumplimiento de la ley y que exige depurar a sus mandos cuando la policía autonómica cumple su deber.

Por eso si Pedro Sánchez, con su ya insufrible fariseísmo, se limita a desautorizar a Torra de palabra mientras le permite seguir adelante con sus delirantes planes a cambio de que los secesionistas mantengan su apoyo al Gobierno socialista, Vox, al fin y al cabo la otra cara del nacionalismo antiespañol de los independentistas insurrectos, podría acabar siendo mucho más que el delirio integrista de cuatro iluminados.

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