Iluminar la Navidad


A veces me pregunto si de verdad nos preocupamos por las cosas que de verdad importan (es cierto que dentro de la subjetividad de cada cual hay cuestiones más relevantes que otras) o nos movemos por lo anecdótico, por lo sentimental y por lo que si lo piensas en frío debería ser totalmente secundario. En estas fechas en las que se decoran las ciudades y los pueblos con alumbrado navideño me resulta llamativo leer noticias en las que se opina, por lo general, de la deficiente inversión realizada. Que yo sepa su función principal está encaminada realmente a fomentar el consumo, y de hecho en sus orígenes eran los comerciantes quienes gestionaban esta cuestión. Poco a poco fueron los ayuntamientos los que hicieron suya esta responsabilidad y, en los años en los que estamos, en los que supuestamente apostamos por el ahorro energético, se hace una excepción para iluminar ciertas vías.

El tema llega a ser tan trascendental para mucha gente que algunos de los argumentos para defender que haya luces en calles sin comercios es que pagan sus impuestos y tienen los mismos derechos que quienes viven en el centro. Entiendo que se defienda tener una serie de servicios, como un colegio, un instituto, un centro de salud, abastecimiento de agua y alumbrado nocturno… pero que Navidad tras Navidad esté el debate de si una ciudad tiene mejor o peor iluminación navideña es a mi juicio valorar cosas muy poco importantes. Es cierto que alcaldes como el de Vigo (que en estos momentos es el presidente de la FEMP además) no ayudan mucho a la causa porque precisamente ha hecho de esta cuestión un asunto del que hablar.

En mis últimas vacaciones estuve en Málaga, y a más de un mes de llegar este mes de diciembre ya estaban montando toda la estructura en la calle Larios. Gente que conocí allí me dijeron que en toda Andalucía se hacen excursiones para ir a ver exclusivamente estas luces. Seguramente todo lo que gasta el consistorio malagueño lo rentabilizará la ciudad, no digo que no, pero es algo que me llama la atención que suceda cuando el atractivo que tiene esta urbe a mi juicio es la ciudad en sí, no las luces. No sé si habrá algún día un político que sea el primer ‘listo’, o mejor dicho, el primer valiente en negarse a ponerlas, y tampoco es que yo defienda ir a contracorriente, pero desde luego no me encuentro entre quienes dan tanta importancia a los adornos navideños.

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