El fin de una era


Se nos va el año de las manos y la despedida no es precisamente un ejercicio de delicadeza. Es un adiós con trombones y timbales, un proceso de cambio en plena ebullición: todo un clímax dramático. Si 2017 fue un año de transición, 2018 ha marcado el fin de una era que se hará efectiva en 2019.

Acaba un año en el que el carbón, que marcó un punto clave en la historia de Asturias en el último siglo y medio, hace mutis por el foro en una lenta agonía bendecida por la UE y tan asumida que la contestación social ya es casi inexistente. Queda ya para la memoria una cultura minera de grisú, galerías oscuras, trabajo, sudor y accidentes mortales que han dejado surcos en los corazones de la región, una profunda huella en unas comarcas azotadas por el desempleo y la despoblación, que tienen la sensación de haber sido explotadas y olvidadas. Exhaustas. La Asturias dinamitera, luchadora, queda para los libros de historia, pero no es suficiente: es necesario reactivarla con planes de transición. ¿Acertarán las administraciones? Más nos vale. Quizá como metáfora del declive, 2018 fue el año en el que José Ángel Fernández Villa, otrora poderoso líder minero y político ha conocido su condena de cárcel por apropiación indebida, la muestra clara de que Asturias no estuvo en buenas manos.

Ha sido también un año en el que los trabajadores de grandes empresas de la región, también históricas, han sufrido reveses. El anuncio de la marcha de Alcoa ha supuesto un mazazo y un revulsivo para Asturias, que ha comprendido cómo la globalización y los aleteos de las mariposas dejan sus efectos también en esta esquina de Europa. La fuerte movilización social y política quiere revertir un proceso emponzoñado que afecta a un millar de trabajadores (entre directos e indirectos) y que amenaza a otra comarca, la de Avilés, clave en la siderurgia. El precio de la tarifa eléctrica puede afectar a un tótem como ArcelorMittal y a otras empresas electrointensivas. Corporaciones antaño monolíticas también están en proceso de cambio. La antigua Hidroeléctrica del Cantábrico, absorbida por EDP afronta una opa de una empresa china; la histórica Duro Felguera ha padecido una crisis sin precedentes que ha hecho tambalear sus cimientos y aspira ahora a conseguir relanzarse; Liberbank, que debe su nacimiento a Cajastur, afronta una fusión con Unicaja necesaria para ganar tamaño en un sector, el de la banca, que necesita robustecerse.

¿Fin de una era? Que se lo digan a Gabino de Lorenzo, que manejó durante 25 años los hilos de una ciudad y de un partido y cuya herencia envenenada en forma de deuda salpica ahora toda la economía de la ciudad, empufada (más de 70 millones de euros) por su nefasta gestión, aplaudida por muchos y ahora silenciada. De Lorenzo anunció en 2018 su adiós a la política, aunque nunca se sabe si su retirada es taurina. Es lo mismo que cabe pensar de Fernando Alonso, que ha abandonado la Fórmula 1, aunque dejando una puerta abierta de par en par. Alonso, el asturiano más universal de este siglo, ha cerrado una carrera memorable en el circo de la F1, solo emborronada estos últimos años por coches que no estuvieron a su altura. Su despedida supone también el fin de una era en Asturias, de tardes y madrugadas al pie del televisor, una pasión por un deportista irrepetible. La muerte de Quini también supuso el entierro emocionado de una época, la de los años 70 y 80 cuando el fútbol asturiano era una referencia nacional. Aquel Sporting imperial, el traspaso al Barcelona de Maradona, el secuestro amargo, la muerte de su hermano Jesús, el enorme cariño que destilaba… Una vida azarosa entre el éxito y el dolor que arrancó la aclamación nacional: Quini era un espíritu conciliador, el fútbol puro, el de los patios de colegio. Su muerte conmovió a todo el país y a toda Asturias, sin distinción de camisetas.

2018 debe marcar también el fin de otra era: la machista. Millones de mujeres de todo el mundo oprimidas por hombres, maltratadas, vejadas, violadas, asesinadas. El siglo XXI tiene que ser el siglo de la mujer, el de la igualdad de verdad. La controvertida sentencia de La Manada significó un punto de inflexión del movimiento, que sacó a la calle a mujeres de todas las generaciones, unidas por una de las grandes lacras de la humanidad. Asturias no es una excepción. También se fue Tola, la osa/símbolo. Tola como compendio: en ella se resumen los efectos del furtivismo, la riqueza de la fauna asturiana, de una especie que estuvo al borde de la extinción, del espectáculo zoológico y de la concienciación, de los experimentos con Furaco…

Vivimos tiempos turbulentos en una región abocada en unos pocos años a bajar de la barrera del millón de habitantes, un listón psicológico que Asturias tiene que afrontar con energía: ya no hay tiempo extra. Se está acabando. ¿Nos estamos dando cuenta?

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