Sí, Sánchez da un gran paso en Cataluña


Sobre la burla a los más elementales principios democráticos que ha supuesto el deliberado intento del Gobierno de engañarnos a cuenta de lo sucedido la pasada semana en Cataluña escribió ayer aquí Gonzalo Bareño un gran artículo, donde destacaba lo esencial: que Sánchez, su vicepresidenta y su ministra de Política Territorial mintieron descaradamente a los españoles sobre lo tratado en la reunión.

¿Por qué motivo? Sencillísimo: para evitar que se supiera que Torra había llevado a la cumbre un documento insultante para el país del que reniega, papelucho que ningún político con un mínimo sentido del Estado habría aceptado. El Gobierno español lo ha perdido completamente en su tortuoso esfuerzo por mantener en la Moncloa a Pedro Sánchez y por eso le entró al trapo a Torra, quien tiene cogido del cuello al presidente. Luego, para más recochineo, consideró «anecdótico» habernos enredado hasta que Torra descubrió parte del pastel.

Porque ha sido el propio Torra quien, con su infinita desvergüenza, ha contado que exigió al Gobierno, entre otras medidas (da pavor pensar cuales serán las aun desconocidas), la creación de «una comisión internacional que medie entre los Gobiernos de Cataluña y de España» sobre el ejercicio «del derecho de autodeterminación» para solucionar así «el conflicto sobre el futuro de Cataluña» y «desfranquizar España».

La idea que, ante el increíble silencio cómplice y cobarde del Gobierno, pretenden los insurrectos transmitir con todo ello, tanto a sus seguidores en Cataluña como a la comunidad internacional, es bien sencilla: que en España, donde pervive aun el franquismo, no hay verdadera democracia; que es tal ausencia la que explica que exista un conflicto político entre el Estado y Cataluña; y que, precisamente por eso, es indispensable que se cree una comisión internacional que pueda mediar entre un Estado que reprime las aspiraciones de Cataluña y el gobierno nacional que las defiende pese a la persecución de que es objeto.

Es esa fábula -engaño formidable donde no hay nada de verdad- la que, tras muchos años de manipulación formativa e informativa, le han comprado a los rebeldes muchos catalanes. Y es esa fábula la que el secesionismo lleva años pretendiendo colocar fuera de España, con un éxito que ha demostrado ser mayor del que cabría esperar de tan burdo cuento chino.

La novedad no está, por tanto, en la fabulación sobre la que cabalga la insurrección independentista -de todos conocida- sino en que, por primera vez, un Gobierno de España ha aceptado tratar la rebelión como un conflicto político entre el Estado y Cataluña, ha accedido a una negociación entre ejecutivos situados en un plano de igualdad y ha optado por mentirnos para ocultar que está dispuesto a negociar un documento inaceptable que parte de que en España no existe democracia. Sánchez tiene razón: hemos dado un gran paso en Cataluña. Hacia el abismo.

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