A veces se cae en el error de hablar del «brexit sin acuerdo», de la salida desordenada de Gran Bretaña de la UE, como si fuese una más entre el abanico de posibilidades. No lo es: es la opción por defecto, lo que ocurrirá, ineluctablemente, si no hay algo que lo reemplace. No importa que los empresarios digan que no lo desean o que los políticos aseguren que no lo permitirán: si no hay otro acuerdo, el que sea, es lo que sucederá.

Es por ello que las dos cosas importantes que han ocurrido esta semana en el debate en el Parlamento británico, de cara a la votación crucial del martes, tienen que ver con eso: son intentos de garantizar que no habrá un «brexit sin acuerdo». ¿Pero hasta qué punto lo garantizan? No tanto como parece. Una es la enmienda que obliga a Theresa May a presentar un plan b en menos de tres días después de que -como se prevé- su propuesta pierda la votación del martes. La enmienda la ha presentado un diputado conservador, Dominic Grieve, y está pensada para evitar que «corra el reloj», es decir, que May se tome su tiempo y siga presentando el mismo plan una y otra vez hasta que llegue el 29 de marzo, la fecha límite en la que Gran Bretaña deberá abandonar la UE. La elección sería entonces ya solo entre el plan de May (horrible) y el brexit sin acuerdo (más horrible todavía, aunque en esto haya mucha exageración). La propuesta de Grieve, además, permite al Parlamento enmendar a su vez ese hipotético plan b de May, con lo que puede colar ahí un modelo de brexit más blando o (lo que quiere Grieve) un segundo referendo sobre el brexit. Pero eso es la teoría. Aparte de que no hay mayoría para otro referendo ni para otro tipo de brexit, la recomendación del Parlamento no sería vinculante. Sí lo sería la otra enmienda que se ha aprobado estos días, y que impide, en la práctica, que el Gobierno haga preparativos para un «brexit sin acuerdo». Es un acto de irresponsabilidad asombroso, que no hace que el «brexit sin acuerdo» sea más improbable pero, si sucede, sí hará que sea más destructivo.

¿Qué sucederá si la propuesta de May pierde la votación el martes? No se sabe, porque lo que están haciendo las diferentes facciones parlamentarias es cerrarles puertas a los demás sin abrir ninguna ellos que conduzca a una solución. Si la derrota es abrumadora, May podría dimitir y convocar elecciones, pero considerando su demostrada cabezonería eso es improbable. Los laboristas puede que presenten una moción de censura, pero solo la ganarían si un grupo considerable de tories votan con ellos, y aún entonces lo que se pondría en marcha es una batalla interna en el Partido Conservador para sustituir a May, lo que haría que el «reloj corra» hasta que el «brexit sin acuerdo» se imponga por sí solo. Es cierto que se puede prolongar el artículo 50, pero eso tampoco daría mucho tiempo más, porque la Unión Europea no querrá que ese plazo se extienda más allá de mayo, cuando son las elecciones europeas. Así que esa es la única certeza que existe: que el reloj corre.

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El reloj corre