Cuentas al servicio de una persona


Es difícil recordar unos Presupuestos del Estado que hayan sido más santificados por sus autores y más demonizados por la oposición. La diferencia de juicio es tan grande que no parece que Pedro Sánchez y sus ministros y el bloque conservador estén hablando de lo mismo. Mientras para los primeros las cuentas públicas son una especie de salvavidas de la sociedad española, para la oposición política oscilan entre la «ruina total» y el altísimo precio del alquiler que debe pagar el presidente por continuar unos días en La Moncloa. A los enemigos de España, por supuesto. Eso dijo el desacomplejado Pablo Casado, que habla con un desparpajo que debe tener impresionado al mismísimo José María Aznar.

 Todo esto ocurre así, y se agudizará desde que se conoce el contenido del proyecto, porque la discusión se plantea en momentos de altísima crispación. No se discuten tanto los números como la necesidad de la derecha de echar a Sánchez sin esperar al año 2020. Si es posible, mañana mismo. Y Sánchez también siente la necesidad de resistir, como cualquier otro gobernante, pero en plan de desafío: «tendrán que esperar sentados». Por ello, escuchar al presidente su petición de que PP y Ciudadanos voten a favor de las cuentas o se abstengan entra en el capítulo de las grandes representaciones teatrales para aparentar una bondad infinita.

Pero nada de esto es demasiado grave si se tiene en cuenta que, cuando el PP tuvo mayoría absoluta, la utilizó absolutamente para no aceptar ni una sola de las enmiendas presentadas por la oposición socialista. Lo grave es el indicio: efectivamente, Pedro Sánchez considera estos Presupuestos como su tabla de salvación. La ampliación de inversiones en Cataluña, pobremente justificada como cumplimiento del Estatuto de Autonomía y documentadamente desmentida en estas páginas por Blanco Valdés, tiene como fundamento ganar el voto independentista para evitar el adelanto de las elecciones y, sobre todo, ganar tiempo para esperar circunstancias más favorables.

Es decir, que, al margen de las intenciones sociales propias de un Gobierno de izquierdas, estos Presupuestos están planteados al servicio de un partido y de su líder. Y por muy honorable que sea, cuando sus intereses se anteponen a los generales de la nación, lamento escribirlo, pero el resultado no puede ser bueno. Si esa es la prioridad, a ella se supeditará todo lo demás, desde la voluntarista previsión de ingresos al cálculo del gasto social. Nada de esto diría si el esfuerzo económico valiese para ayudar a resolver el problema catalán. Pero no nos engañemos: aunque el independentismo satisfaga los deseos de Sánchez, es absurdo pensar que va a renunciar a su proyecto de secesión.

?La ampliación de las inversiones en Cataluña tiene como fundamento ganar el voto independentista y, sobre todo, ganar tiempo para esperar circunstancias más favorables

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