El reto del PP: mantener su propia Voz


Cuando un partido se enfrenta a la aparición de un competidor por su derecha o por su izquierda tiene dos alternativas: desplazarse hacia sus posiciones para tratar de evitar el riesgo de fuga de votantes; o tratar de impedir el achique de su espacio defendiendo su ideología y sus propuestas. 

Tal es, al parecer, el gran dilema que atenaza al PP, que este fin de semana celebra en Madrid su Convención: irse a la derecha para tratar de contener el empuje de Vox que anuncian las encuestas; o denunciar, desde la moderación, la radicalidad de su discurso y su programa.

Aunque desconozco hacia qué lado se inclinará finalmente la balanza popular, sí tengo claro que la segunda opción sería mejor para España y, también, para el PP. Mejor para España, porque eso evitaría una radicalización aún mayor de nuestra vida política, ya sobradamente encanallada por la disparatada coyunda entre Sánchez y los secesionistas. Pero mejor también para el PP por motivos que se derivan de la naturaleza de nuestro sistema de partidos.

Y es que, tras la consolidación a partir de 1982 del mapa político español, PSOE y PP han sido partidos sistémicos, defensores del consenso fundamental sobre nuestro régimen político: la reconciliación nacional, la Constitución y sus valores, la política pro-europea y el apoyo al Estado de las autonomías. No es ese el caso de Podemos, un partido extremista por la izquierda. Y tampoco el de Vox, un partido extremista por la derecha. Las dos son fuerzas antisistema, lo que significa, ni más ni menos, que inclinarse hacia ellas con la intención de contener su expansión electoral supone entrar en su juego, contribuyendo de ese modo a reforzar sus postulados ideológicos.

Así le sucedió con toda claridad al PSOE cuando Sánchez giró 180 grados y pasó de sostener que «con el populismo no vamos a pactar ni antes ni durante ni después» a afirmar: «Me equivoqué al tachar a Podemos de populistas, el PSOE tiene que trabajar codo con codo con Podemos». ¿Cuál ha sido el resultado de ese cambio radical? La pérdida de la centralidad de los socialistas, a quienes han abandonado, quizá para siempre, los electores moderados. De ese modo, aun estando el PSOE en el Gobierno y disponiendo de él para regar de dinero sus focos de votantes potenciales, ni siquiera las encuestas de Tezanos dan a los socialistas mucho más de cien escaños. Y eso con Podemos en una deriva suicida de autodestrucción.

El PP podría ahora hacer lo mismo: intentar frenar a Vox cometiendo el gravísimo error de darle la razón en los planteamientos que explican su aparición, que son justamente aquellos que impugnan algunos de los grandes acuerdos sobre los que se ha construido nuestra democracia. Con ello sufriría el PP, al perder su centralidad. Y, lo que es mucho peor, sufriría, aún más, nuestra democracia. Algo que con Sánchez en la presidencia del Gobierno ya no podemos permitirnos.

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