Trabajo todavía escaso y troceado


En su clarificador prólogo a La era de las expectativas limitadas, Paul Krugman descalificaba tres tipos de literatura económica. La de la catástrofe, propia de los libros de aeropuerto, con portadas y títulos sensacionalistas que profetizan el hundimiento del euro, la invasión amarilla o el fin del mundo. La escrita en griego, repleta de algoritmos indescifrables no solo para el profano, a veces mero disfraz de la incuria intelectual de sus autores. Y la del sube y baja, específica según él de los periódicos, que nada explica y solo describe el baile de san Vito de los indicadores económicos.

Admitamos la crítica. La enumeración de bajadas y subidas -la bolsa, el PIB, la ocupación, la deuda...- no explica el funcionamiento ni la solidez de la montaña rusa. Pero hay algo peor: coger el rábano por las hojas, atrapar un dato cualquiera y retorcerle el pescuezo hasta que diga lo que queremos que diga. Un periódico de Madrid nos ofrece un ejemplo antológico. En octubre consideraba en grandes caracteres que «la primera EPA de Sánchez» registraba «el peor verano para el empleo desde 2015». El mismo periódico abría ayer su edición con este titular: «El empleo vive su mejor año con la reforma que Sánchez quiere tumbar». Es decir, del aciago verano -tercer trimestre del año- tiene la culpa el maligno Sánchez; del espléndido invierno -último trimestre de 2018- se lleva el mérito la maravillosa reforma laboral. Y ni una cosa ni la otra.

La última EPA indica que hay 566.000 ocupados más y 462.000 parados menos que hace un año. Noticia positiva que no admite apelación. Pero hay otro aspecto revelador y enormemente significativo en la encuesta: el volumen de trabajo creció el año pasado más que la cifra de empleos. El número de trabajadores aumentó un 3 % y el número de horas trabajadas se incrementó en más del 4 %. Esto, que no sucedía desde comienzos de la crisis, puede interpretarse como un síntoma de que empieza a frenarse el proceso de deterioro y precarización del empleo. Y de que comienza la reversión del modelo laboral impulsado por la reforma del 2012.

Me explico. La creación de puestos de trabajo en los últimos cinco años se ha basado en la devaluación salarial y la sustitución de contratos fijos y a jornada completa por contratos temporales a tiempo parcial. Trabajos eventuales, a veces de días o de horas, y salarios raquíticos. Una empresa que a finales del 2008 tenía cien empleados hoy puede disponer, a menor coste y para realizar exactamente las mismas horas de trabajo, de 108 trabajadores. El trabajo no ha crecido: se ha troceado, se ha repartido y se ha precarizado.

Nos faltan medio millón de empleos para recuperar el nivel de ocupación que había en el último trimestre de 2008. Exactamente, nos falta un 2,4 % para alcanzar aquella cota. Pero nos falta un 7,5 % para alcanzar el volumen de trabajo de que disponía entonces la economía española: 680 millones de horas de trabajo efectivas a la semana. Mientras no se corone esta cumbre, nadie puede certificar que hemos dejado atrás la crisis.

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