Viaje a las semifinales del secesionismo


En este autobús cargado de presos acusados de rebelión, malversación y desobediencia no viaja Puigdemont. Lo recordó, por si fuera necesario, Oriol Junqueras, que no es Sócrates, ni Séneca, ni Cicerón, pero ya le gustaría: «Yo me quedé en Cataluña por sentido de responsabilidad hacia mis ciudadanos. Sócrates, Séneca o Cicerón tuvieron la posibilidad de huir y no la aprovecharon». El autoproclamado filósofo del secesionismo invitaba al fugado en Bruselas a desayunar cicuta, dejarse decapitar o cortarse las venas. No le hará falta. Políticamente, Puigdemont está muerto. El secesionismo, por mucho que filosofe Junqueras, también. La realidad se impone a los delirios independentistas: mientras este autobús viajaba rumbo a Soto del Real, la Copa del Rey [de España] emparejaba en semifinales al Real Madrid con el Barcelona.

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