10.000 votos más para Vox


Cada vez que se escribe de Vox, yo ahora mismo, sube el pan y son diez mil votos más para Santiago Abascal y su party. Vox es el Tea Party en español, pero más. Algo así como el Veterano (del brandy) Party. De esa manera, del boca a boca o, mejor, del grito a grito, empezó Podemos y miren desde lo alto que cayó (Pimpinela, Pablo e Íñigo, lo tenían todo y lo han ido perdiendo todo). Santiago Abascal está de moda. Es su momento Warhol, esos diez minutos de fama. Será cabeza de lista en las europeas para repetir el modelo podemita de poner al líder sobre la bala de cañón de los comicios a Bruselas y recoger así el subidón y todo el cabreo y hartazgo posible e imposible. Solo será la reinauguración de un partido al que le esperan muchos escaños en el Congreso de los Diputados, donde se jugará el campeonato de verdad. ¿Sumará, como en Andalucía, la triada PP, Ciudadanos y Vox en España y gobernará la derecha? ¿O Sánchez, alzado por los tacones cercanos de Tezanos, verá su sueño de la elección democrática pactando con lo que quede de Podemos y nacionalismos, o unido, con un giro centrista a lo Suárez de última hora, a un Ciudadanos que ya sabemos que vale para todo?

Rivera es el joker del poker español. Será capaz de darle la Moncloa a Casado con Vox por ahí, entre bastidores, a la andaluza, como de regalársela a Sánchez si el chico naranja puede pillar una vicepresidencia. Esa vicepresidencia sería un gobierno paralelo, una presidencia bis. En Galicia ya lo vivimos con Touriño y Quintana. Cada vez se escucha más en las comidas, en los bares, en las charlas de gimnasio la frase: «Yo voy a votar a Vox». Suele ir acompañada de un imperativo ¡qué pasa!, imperativo, no interrogativo.

El que elige Vox lo tiene claro. Fueron 400.000 en el sur, con esa tajada de doce escaños que les convierte en los auténticos señoritos de los andaluces. Y serán millones en España. Uno piensa en Madrid, por ejemplo, en los protagonistas de una de esas tertulias, con ese tono de superioridad y de estar completamente seguros de sí mismos, y le lleva a creer que está visualizando por todas partes electores de Santiago Abascal. Y es que su discurso cosechará panes y peces. Entre los cabreados, que cada segundo que pasa son más. Pero lo hará a manos llenas entre votantes del PP. El PP a determinado gen conservador, por mucho que se radicalice Casado, le parece hoy por hoy metadona. Pero no hay que amargarse más. Después del fugaz abordaje de algo tan turbio como la política de nuestros días, toca desintoxicarse. Dejemos que las palabras se quiten el corsé del estrés público para hacer magia. Y pensemos en un verso sobre Paul Newman: «Sus ojos claros proyectan una luz submarina de acuario tan completa de matices como una caricia».

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