Otra vez el maldito localismo


El pleno del Ayuntamiento de Oviedo rechazó, el pasado 30 de enero, suscribir el Convenio Marco entre la comunidad autónoma del Principado de Asturias y los Ayuntamientos de Oviedo, Gijón, Avilés, Siero, Mieres y Langreo para el desarrollo institucional del Área Metropolitana. En el resto de municipios, pese a la oposición del PP y de las marcas locales de Podemos, el acuerdo salió adelante, con el estimable respaldo de fuerzas diversas, distintas del PSOE, como Foro (al frente del Ayuntamiento de Gijón) o IU (incluso en Mieres, pese a su ausencia voluntaria en las reuniones previas, a cuenta de la polémica sobre el campus universitario en que haya de implantarse el grado de Deporte). Oviedo se quedó, por decisión propia, fuera de este ámbito de colaboración institucional, anclada la política local, una vez más, en un debate sempiterno sobre su relación conflictiva con el resto de Asturias y las circunstancias y responsabilidades asociadas a la condición de capital.

Cómo se ha llegado hasta aquí tiene algunos elementos sorprendentes, si repasamos los últimos tiempos. Asombra, en efecto, que después de meses de sesiones de trabajo conjunto del Gobierno del Principado de Asturias y los ayuntamientos (estos, representados en su pluralidad política), sea a última hora cuando surgen reparos hasta entonces no expuestos, que se esgrimen a la ligera como impedimentos absolutos para el respaldo al convenio. Admira que, pese a los llamamientos continuos de la sociedad civil y de los agentes sociales a fortalecer la cooperación entre las administraciones que deben gestionar una realidad cotidiana, disfuncional pero ya existente (la que nos afecta a quienes vivimos y trabajamos en el área central), a escasos días de la aprobación de un convenio muy trabajado, el PP, que pretende presentarse como un partido serio, se vea arrastrado por una posición improvisada y oportunista de su candidato a la Alcaldía de Oviedo. Choca que, pese al carácter escalonado, voluntario e hiperprudente (excesivamente tímido, a mi juicio) del proceso de configuración del Área Metropolitana por el que ha optado el Gobierno del Principado de Asturias (cansado de los fracasos anteriores), venga Podemos, a destiempo, alertando de un riesgo inexistente para la autonomía municipal. Conviene recordar a los despistados que, en lugar de plantear un espacio de coordinación exquisitamente gradual y basado en la unanimidad para poner en común actuaciones y políticas, el Gobierno autonómico podría legítimamente haber optado, con el Estatuto de Autonomía y la Ley de Bases del Régimen Local en la mano, por presentar un proyecto de Ley para crear, directamente, el Área Metropolitana como entidad local con personalidad jurídica propia, aparato burocrático y estructuras de gobierno jerarquizadas (y no la mera Conferencia Metropolitana por la que se apuesta en el convenio rechazado en el pleno del Ayuntamiento de Oviedo). También podría haber continuado (quizá debería haberlo hecho) con la tramitación en solitario de las Directrices Subregionales de Ordenación del Área Central de Asturias, instrumento acorde a nuestra legislación en materia de ordenación del territorio y urbanismo, que decidió -en la práctica- aparcar para buscar un consenso más amplio en el ámbito municipal.

Desconcierta que sigamos tropezando en la misma piedra, tras décadas en las que hemos asistido al empobrecimiento del debate político por el virus del localismo, que ha dificultado el desarrollo, cohesión y eficiencia territorial en el área central, que hizo naufragar mancomunidades -salvo honrosas excepciones- y comarcas (nuestra Ley 3/1986, que regula el procedimiento para su creación, permanece inaplicada), que ha dificultado instrumentos de ordenación supramunicipal necesarios, que ha restado oportunidades económicas y de progreso social en Asturias, y que convirtió el debate sobre la capitalidad y la sede de las instituciones en pura ruindad intelectual de cercos imaginarios y disputas de tercera. La esperanza debemos depositarla en que el proceso siga su curso, la mentalidad y práctica metropolitana con la que vivimos muchos ovetenses (seguramente, la mayoría) deje su impronta en la realidad institucional de nuestro ayuntamiento, superando el paleolocalismo que esta vez nos ha dejado fuera; y, como ha tenido que hacer en otros ejemplos de cooperación administrativa (el último caso, el Consorcio de Transportes de Asturias), Oviedo se sume activamente, más temprano que tarde, a este proyecto de futuro.

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