Óscar pierde la cabeza


En televisión se popularizó hace años aquella famosa frase que anunciaba que lo mejor estaba a la vuelta de la esquina. «Lo veremos después de la publicidad». Pero la Academia de Hollywood ha decidido ir más allá. «Este Óscar se entregará durante la publicidad». Es de suponer que al público se le seguirá dando su buena ración de alfombra roja. «¿Quién te viste? ¿Quién te peina? ¿Quién te ha visto y quién te ve? ¿Muchos nervios? ¿Mucha ilusión? ¿Mucho de todo?». Pero los organizadores de la gala de cine por antonomasia han anunciado que algunos premios se entregarán durante los anuncios. Ocurrirá con las categorías de corto de ficción y maquillaje y peluquería. Cero respeto para ellas. Pero resulta que también relegarán los apartados de fotografía y montaje, elección que merece ser catalogada como soberana tomadura de pelo. Es como si la RAE hubiera borrado los adjetivos y preposiciones. Como si para fijar y dar esplendor a la lengua bastara con los sustantivos y algún que otro adverbio. Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón se han rebelado. «En el cine se han visto obras maestras sin sonido, color, guion, actores o música. No ha existido ni un solo filme jamás sin fotografía y montaje», dijo el director de Roma. Óscar ha mandado a paseo a Eisenstein y su escalera. A la ducha de Alfred Hitchcock. A la bola de cristal de Ciudadano Kane. Al río de La noche del cazador. A los cielos de Apocalypse Now. Al hueso volador de Kubrick. Y a la navaja de Buñuel. A partir de ahora, plano secuencia y la luz que buenamente nos caiga del cielo o de la bombilla. Muy buenos tendrán que ser los spots. Óscar ha perdido la cabeza.

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