«La derecha trifálica», la ministra dixit


El nivel de la política está a la altura de los túneles que llevan de los vestuarios al campo de fútbol. Si escuchar unas declaraciones de un futbolista roza el ridículo por obvias, prestar atención a esta clase política sin clase es otro sufrimiento. Da igual el bando. La ministra Dolores Delgado, ministra de Justicia, por cierto, ha puesto subterráneo el listón de la campaña en la que ya estamos y que sufriremos hasta junio, con esta superprimavera electoral no apta para alérgicos de la política.

Dijo la ministra en una entrevista con la periodista Pepa Bueno que el PP, Ciudadanos y Vox formaban una alineación y aleación que merecía el nombre de «la derecha trifálica». Sorprendida Pepa Bueno por el exabrupto, le repreguntó y ella, consciente del lío en el que se había metido, titubeó, pero terminó por rematar el asunto con un claro añadido: «En la foto del Colón había mucha testosterona». El incidente dio más Vueltas a España que el veterano Valverde.

¿Qué ha llevado a este país, en el que se decía que si no dabas una conferencia, te la daban, a convertirse en un terreno baldío de infértiles cabezas que encima aspiran a gobernarnos? Luego la ministra intentó arreglarlo, cuando hasta Sánchez bromeó en el Consejo de Ministros con el calificativo y logró que alguien le soplara la palabra correcta. «Quise decir la derecha tricéfala». Rectificación tardía y sombría, porque entonces se vuelve absurda la explicación añadida que Dolores Delgado había hecho de la testosterona y la plaza de Colón. Pero no se adivina mucha más inteligencia por el otro bando. Pablo Casado cada vez que habla en plan radicalizado militante de Vox, en vez de como líder del PP, asusta al hijo de Adolfo Suárez y de paso a aquella niña de Rajoy. No sé cómo nadie le dice a Casado que la copia nunca alcanza al original. Nunca pescará los votos legionarios que Santiago Abascal se llevará de desfile en desfile.

Tampoco parece comprensible que Rivera le diga no a Sánchez antes de empezar y se ubique así en la derecha. Si hay un caladero importante en España es el centro. Casado lo abandonó. Rivera lo deja huérfano y solo Sánchez lo abraza bien aconsejado desde el primer mitin que dio en Moncloa el día del anuncio electoral bordeando la ilegalidad. Y Podemos sigue haciéndose pedazos, lo que también beneficia al PSOE. El único que quiere salir a ganar sin sumas previas es Sánchez. Entre las cosas que dicen los políticos y las que hacen, consumidos estamos, y apenas ha despegado la feria de las vanidades.

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