El CIS como descarada arma partidista


Los británicos conquistaron gran parte de África durante el siglo XIX con una maquinaria adecuada al fin que perseguían. Los barcos de vapor armados (cañoneras), el uso profiláctico de la quinina y las ametralladoras fueron los instrumentos del imperio, según el estudio apasionante del gran historiador norteamericano Daniel Headrick (The tools of the empire. Technology and Europeam Imperialism in the Nineteenth Century). También Napoleón pudo dominar Europa desde Portugal hasta Moscú con la introducción de un modelo completamente nuevo de contienda en nuestro continente, la que la Gordon Graig denominó «guerra fulminante» en su no menos interesante The politics of the Prussiam Army. 1649-1945

Como, parafraseando a Clausewitz, cabría decir que la política es la continuación de la guerra por otro medios, no cabe duda de que la elección de instrumentos efectivos de lucha resulta decisiva. Pero, la política democrática presenta una notable diferencia con la que no tiene tal naturaleza: que no son admisibles todos los medios de combate.

Así, no lo es, desde luego, convertir un instituto público de sondeos sostenido con los impuestos que todos abonamos (el CIS) en una partidista arma electoral, según lleva haciéndolo el Gobierno socialista desde que, tras tomar posesión, cambió a su director. Y es que las encuestas no solo dan información a la sociedad -correcta o manipulada- sino que, en ambos casos, condicionan el comportamiento del cuerpo electoral. Que el CIS desprofesionalizado e hiperpolitizado del dirigente socialista Félix Tezanos insista una y otra vez en que las perspectivas de voto al PSOE están muy por encima de lo que señalan las demás encuestas conocidas persigue un objetivo primordial, no por desvergonzado, menos evidente: transmitir la idea de que los socialistas podrían gobernar, tras el 28 de abril, con el único sostén parlamentario de Podemos y sin necesidad, por tanto, del apoyo en las Cortes de los independentistas.

Desacreditar la hipótesis apuntada hoy por todos los sondeos -que la única opción de Sánchez para seguir en La Moncloa es renovar la mayoría con Podemos y el secesionismo que, mediante la moción de censura, lo hizo presidente- resulta para el PSOE esencial por dos motivos: primero, porque son muchos los potenciales votantes socialistas que rechazan de un modo radical por razones ideológicas un pacto parlamentario que haría a Sánchez rehén de los enemigos de la unidad nacional y de la Constitución; y segundo, porque tal mayoría de gobierno se ha mostrado en realidad como una forma de completo desgobierno.

Por eso, en medio de lo que es ya un pitorreo general, el delegado de Sánchez en el CIS, su director, sigue golpeando el mismo clavo, pues tiene la esperanza de que a base de contar una mentira esta acabe por cambiar la opción de los electores necesarios para hacer de ella el 28 de abril una verdad.

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