Los desatinos de la derecha


A Fernando VII, pésimo pero contumaz jugador de billar, le colocaban las bolas en tal posición que le era imposible fallar la carambola. De ahí la expresión: «Así se las ponían a Fernando VII». Sustituyan ustedes el nombre del monarca felón por el de Pedro Sánchez -o el de Santiago Abascal- y tendrán una versión actualizada del dicho: la descabellada estrategia de la derecha española infla las expectativas electorales del PSOE y de Vox. A este paso, Casado y Rivera van a conseguir lo contrario de lo que pretenden: facilitarle una amplia mayoría a Pedro Sánchez y situar a la ultraderecha como tercera fuerza política en España.

La deriva del PP comenzó con Pablo Casado. Vino a salvar España, pero no del independentismo catalán, sino del golpista Pedro Sánchez que negociaba en las tinieblas el descuartizamiento de la patria. Tal planteamiento implica, además de la expulsión del PSOE del arco constitucional, una crítica al pusilánime Rajoy. Un discurso catastrofista que repele a muchos de sus antiguos votantes. Quienes lo asumen y creen que España corre peligro, buscan la salvación en Vox. Y aquellos a quienes les preocupan problemas más terrenales, reniegan de Casado y buscan opciones más moderadas.

La derechización del PP brindaba una oportunidad de oro a Ciudadanos para blindarse en el centro del escenario. De hecho, hace menos de un año este partido engordaba por los dos costados. Pescaba en los caladeros del PP y del PSOE a redes llenas. Pero vino la moción de censura, a Rivera le dio un aire, convirtió el «caso Sánchez» en cuestión personal y, desde entonces, va de disparate en disparate. Sirvan de muestra su vergonzante pacto en Andalucía o su presencia en la foto de Colón. Y, sobre todo, su veto apriorístico a todo acuerdo con el PSOE, una decisión que lo ata y subordina al PP y que entrega el centro a su odiado Pedro Sánchez. La ocurrencia de Rivera de abrir su reino a los cabreados del PP y del PSOE constituye su penúltimo desatino: ficha a diestro y siniestro sin mirar antecedentes, pone en saldo su virginidad y siembra la discordia entre su militancia. El tráfico cruzado de políticos y de votos comienza a ofrecer una imagen sorprendente e inédita: ex dirigentes y ex ministros del PSOE hallan acomodo en Ciudadanos, al tiempo que muchos ex partidarios de Ciudadanos se aprestan a votar socialista.

Las dos derechas menos extremas tienen un problema. Su única bandera, el patriotismo excluyente y el dragón catalán, ya no vende tanto como hace meses. Y si todavía alguien compra retales de ese producto, lo hará en la tienda de Vox. Sobre los demás asuntos, bien figuran en el escaparate de la izquierda (movimiento feminista, medidas sociales, salario mínimo...), bien hace tiempo que los españoles los consideran zanjados (aborto, matrimonio homosexual, ¡atentados de Atocha!), bien no le quitan el sueño al ciudadano común (lazos amarillos, ruedas de prensa, uso del decreto-ley). Es la cara amarga del monocultivo industrial: cuando agotas el filón, tras haber abandonado otras áreas, solo te queda el páramo.

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