Hoy sí, hoy vuelve


Hoy, unos cuantos millares de ciudadanos podrán exclamar aquello de «¡Oh, es él!». Y él, como dijo el famoso cartel retirado, es Pablo Manuel Iglesias Turrión, para el mundo Pablo Iglesias. Reaparecerá ante la multitud, que supongo ansiosa y enardecida, frente al Museo Reina Sofía de Madrid. Dicen las crónicas que se han fletado autobuses desde provincias, porque se trata de un acto inaugural: Pablo Iglesias se reinaugura a sí mismo después de un período de retiro familiar, de permiso de paternidad y de muchas reflexiones de pareja, porque ella, Irene Montero, anunció que Podemos «pronto tendrá una mujer como secretaria general». Aquella revelación, no sé si aquel desliz, aumenta la emoción del reencuentro desde el que Iglesias seguramente intenta reconquistar los cielos. No faltan voces próximas que afirman que Irene está llamada a la sucesión cuando el padre de sus hijos complete los dos turnos de mandato.

El retorno del líder es oportuno: justo cuando va a comenzar la campaña electoral, con lo cual su acto de hoy será su primer mitin. El contenido de su mensaje será por lo menos interesante, incluso deslumbrante, porque ha tenido tiempo y calma para pensarlo, y Pablo Iglesias es dudoso como organizador de un partido, pero maneja bien el arte de la palabra. Lo más difícil es el ambiente. Podemos no es lo que fue. Mirad cómo está la tensión de las Mareas en Galicia. Mirad la erosión sufrida en Cataluña, donde fue el partido más votado. Mirad a la Comunidad Valenciana, donde Compromís se desliga y se presenta por libre. Mirad a la Comunidad de Madrid, donde el divorcio de Errejón le hizo un agujero de considerable y dolorosa profundidad. Mirad las encuestas, que no apuntan precisamente en buena dirección. O mirad lo que queda del 15-M y la indignación, que este parece otro país.

Sin embargo, los conocedores de sus intimidades creen que Podemos tiene un suelo electoral muy sólido, en torno al 15 %, a partir del cual puede subir. Sostienen que es un partido que ha creado muchos afectos a los cuales no es fácil renunciar. Y defienden que los episodios que más han perjudicado a su líder, como la casa de Galapagar, han sido superados por el simple paso del tiempo. Y lo más sugestivo en este momento singular de la vida española: si Pedro Sánchez quiere seguir en el poder sin depender de los Torra, el Partido Socialista necesita un Podemos fuerte. ¡Quién lo iba a decir! Después de jugar a destruirse mutuamente, ambas fuerzas políticas están obligadas a fortalecerse, sumar votos y formar la mayoría progresista soñada. No sé si será buena para el país, pero confirma que la política sigue haciendo extraños compañeros de cama. Bueno, déjenlo en alcoba.

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