Leo, en este mismo diario y firmado por la Ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, un artículo que titulado «Un compromiso realista para Alcoa» parece pretender hacer un resumen sobre el conflicto que desde hace cinco meses atraviesan los trabajadores y trabajadoras de las plantas de Alcoa en Avilés y Coruña y no puedo menos que hacer algunas consideraciones al mismo.

Para empezar, por muy metafórica que sea la expresión, no hay ninguna noche de los tiempos en el devenir de lo que ocurre con Alcoa. Lo que hay es una incapacidad sistemática por parte de las diferentes administraciones del estado español para establecer un marco regulatorio y de costes que permita hacer este tipo de actividades competitivas. Y esa incapacidad ha sido acompañada de una nula voluntad política por dichas administraciones, tanto del PSOE como del PP. Como mucho ha habido, como está habiendo ahora, improvisaciones fruto de las circunstancias y actuando de forma reactiva.

Y digo esto porque avisados estaban, al menos por parte del sindicato al que represento, CCOO de Industria de Asturias, de cual era la situación y cuales las medidas a desarrollar para poder corregirla. Respuestas en todo este tiempo: ninguna.

Nadie pretende, al menos desde la parte de los trabajadores, «culpar» al actual ejecutivo de la situación de Alcoa en Avilés y Coruña, pero ya causan cierto hastío las constantes referencias a la herencia recibida de los anteriores gobiernos, entre los que se encuentran los de su mismo color político, por cierto, y que muchas veces suenan a una nueva incapacidad o falta de voluntad para solucionar los problemas del presente.

Tenemos y tendremos siempre claro, Ministra, que nuestro enemigo, sin comillas, es Alcoa. Es ella quien toma la decisión unilateral de mandarnos a la calle despreciando absolutamente el más mínimo ápice de responsabilidad social corporativa. La misma compañía a la que mediante la movilización sindical y social hemos obligado a que, al menos, entre a valorar la posibilidad de transferir las dos plantas a un posible inversor que garantice el empleo y la actividad.

Por eso me resulta chocante tanta reiteración en trasladar cuestiones como que «el ministerio ha estado siempre de su lado» (el de los trabajadores) o expresiones en las que dice que el Gobierno ha «actuado con firmeza para evitar los despidos».

Respecto a la primera cuestión los trabajadores esperan del Gobierno que ese «estar a su lado» se traduzca en hechos concretos, de los que hasta ahora vamos más bien escasos. Si esos hechos concretos son cuestiones como la elaboración del Estatuto de la Industria Electrointensiva, ha sido una decepción total y absoluta. Es un clamor unánime por parte de trabajadores, empresas, organizaciones sindicales, empresariales , gobiernos autonómicos etc, que de momento lo planteado es incompleto, ineficaz y falto absolutamente de ambición para solucionar los problemas de la industria electrointensiva y muy especialmente la crítica situación de futuro de las dos plantas de Alcoa.

Será suya única y exclusivamente la responsabilidad de lo que suceda si después de que todos se lo digan no le hace caso a nadie para introducir las modificaciones que podrían cambiar sustancialmente esa situación.

Sobre la firmeza del gobierno para evitar los despidos, me parece una absoluta falta de respeto hacia los trabajadores y trabajadoras de Alcoa que usted y por extensión el Gobierno se atribuya mérito alguno en esta cuestión.

La firmeza y el mérito de lo acaecido hasta ahora lo es única y exclusivamente de quienes lo hicieron posible: las plantillas de Avilés y Coruña, la sociedad gallega y asturiana muy especialmente en el ámbito municipal y todos aquellos que han decidido hacer frente a una multinacional soberbia y prepotente.

Mientras teníamos que oír, cuando pedíamos la intervención del gobierno, perlas como aquella que dejó su colega Magdalena Valerio, titular de Trabajo, recordándonos que «no estamos en un régimen comunista».

Intervenir, en este caso por parte del Gobierno, señora Maroto, no es nacionalizar las factorías y proclamar un soviet en Avilés y Coruña. Es, fíjese qué cosas, hacer un marco competitivo para la industria a través de ese Estatuto de Electrointensivos, que tanto tiempo les ha llevado para, de momento, tan poco y exiguo contenido.

Intervenir es, también, coger aquel famoso avión rumbo a Pittsburg, sede de la multinacional, para que el gobierno soberano de España le trasladase que no se lo iba a poner fácil. Fue usted misma la que lo anunció a las primeras de cambio y la que, a día de hoy, sigue sin haberlo realizado.

Intervenir, por parte de un gobierno, es aprender la lección de que la actual reforma laboral juega un papel clave en situaciones como ésta, que dañan el interés general, y adoptar con valentía medidas legislativas que permitan revertirla y no escudarse en el otro estribillo machacón de «no tenemos mayoría parlamentaria suficiente».

A cerca de la utilización política de terceros del conflicto será algo por lo que tendrá que responder quien lo haya hecho. Desde Avilés y desde Asturias, tanto en el Comité de Empresa como en las organizaciones sindicales, hemos estado absolutamente en el plano que nos corresponde: sumar esfuerzos, iniciativas y apoyos para resolver la cuestión sin entrar en debates partidistas y con especial cuidado de que no se nos utilizase para ese menester.

Mírese usted en el espejo y, en el próximo consejo de ministras y ministros, recuérdele a quien lo preside, Pedro Sánchez, que no utilice de forma partidista, como en el mítin de Gijón del pasado 14 de marzo este u otros conflictos mientras los trabajadores y trabajadoras, en las inmediaciones del evento, sentían mucho más la cercanía de la Policía Nacional y sus toletazos que la de de su gobierno.

O cuando, apenas 15 días después de que surge el conflicto usted manifestaba alegremente por los pasillos del Congreso de los Diputados que «al menos había viabilidad para una de las dos plantas». Se lo menciono porque en su artículo habla de «ficción» y de «falsas expectativas».

Esperamos, por otra parte, que ese trabajo que dice estar realizando «de forma discreta» se traduzca en otras cosas que no sean contradicciones como las que a finales de esta semana pasada se desarrolló públicamente entre su Ministerio y los máximos responsables de Red Eléctrica Española sobre la participación o no de Alcoa en la próxima subasta de interrumpibilidad con las factorías de Avilés y Coruña en la que trasladaron posturas radicalmente diferentes.

En todo caso les recomiendo a sus responsables y a los de Red Eléctrica, que su discreción no les impida una comunicación fluida para no reproducir esperpentos de ese calibre y evitar su ridículo pero, principalmente, nuestra desazón sobre el próximo futuro.

En algo si coincido respecto a usted: resolver el conflicto, palabra que le pido sustituya a su designación de «caso» para lo referente a Alcoa, es responsabilidad de todos y de todas. De momento, el ejercicio de esa responsabilidad la hemos hecho en infinita mayor medida solo algunos: los trabajadores. Y lo hemos hecho porque creemos que , sin lugar a dudas, la producción de aluminio primario en España tiene futuro.

Y termino con una expresión de mucho menos nivel que los versos de Rosalía de Castro o la prosa de Cunqueiro, a los que usted cita. Pese a su poco peso literario la repetiremos a coro los trabajadores de Alcoa este jueves 28 de marzo ante el congreso de los diputados en Madrid para que a nadie se le olvide, no sea que entre tantos apoyos vayamos a morir de éxito, hasta que no haya resultados: «Maroto, no nos vendas la moto».

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Alcoa no puede morir de éxito