La seguridad y la libertad de movimiento


El derbi disputado el pasado domingo en El Molinón dio más que hablar de asuntos extradeportivos que de fútbol, aunque no fue poca la moviola. Las condiciones de seguridad que se aplican para que se celebre un encuentro de alto riesgo como el que enfrentó al Sporting y al Real Oviedo me hace pensar que nuestras libertades individuales a veces quedan en entredicho.

Yo quiero vivir en una sociedad segura, pero no en la que se necesite a un policía detrás de cada ciudadano. Los protocolos que se aplicaron para que no hubiera incidentes fueron eficaces para el objetivo que se perseguía (no tengo constancia de altercados entre personas), pero la libertad de movimiento que recoge el artículo 19 de la Constitución Española, por el que los españoles «tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional», considero que queda restringido al ver que las aficiones visitantes tienen que seguir unas reglas que, en mi opinión, nos deja en mal lugar como sociedad si consideramos que solamente así se garantiza la seguridad de la gente que asiste a un partido de fútbol. Hablamos de una movilización de más de 400 policías (nacionales y locales, sin contar luego la seguridad privada, que me gustaría saber si algunas de sus actuaciones están amparadas por la ley, como pueda ser realizar cacheos y retirar vestimentas), de un desplazamiento para la afición visitante que conlleva hasta ocho horas para un partido de noventa minutos y de la necesidad de identificar a las personas que asisten.

De antemano diré que con estas condiciones me negaré a asistir a un evento así, por mucho que me apetezca. Y sinceramente he echado de menos en los debates originados a lo largo de esta semana que las críticas no se hayan centrado en esta cuestión. Respeto a quien acepta viajar en estas circunstancias, al igual que a quien le gusta en un concierto estar en primera fila y duerme tres noches en la entrada para estar adelante del todo, pero si la protesta no se realiza precisamente cuando se les pide ir así, las autoridades terminarán por aplicar el protocolo de seguridad que vean más efectivo.

Me gustaría que una afición rival, como puedan ser los sportinguistas cuando vienen a Oviedo a presenciar el partido en el Tartiere y cuando los seguidores azules van al Molinón a lo mismo, pueda ir con toda la tranquilidad y acceder al campo cuando quiera sin este sistema. Una cosa es que el fútbol genere mucha pasión y que entre unos y otros haya piques, y otro que estemos ante la necesidad de seguir estos criterios que para una sociedad democrática a mi entender son muy dañinos. Si toda esta cantidad de policías y de normas las tuviéramos que aplicar a otras cuestiones nos parecería mal, y estaríamos hablando de un gasto económico innecesario. Si consideramos justo y razonable que se hagan así las cosas creo que estamos justificando que no hay otra manera de parar la violencia en el fútbol, y eso me preocupa porque considero injusto que paguen justos por pecadores.

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