El «no a todo» del doctor Casado


El médico de familia, que se apellida Sánchez, envía a seis pacientes al servicio de urgencias del Congreso, donde el doctor Casado los despacha a cajas destempladas. Ni los ausculta, ni examina los síntomas que presentan, ni evalúa la dolencia que aqueja a cada uno. De no haber más facultativos en el centro, quizá algún paciente en estado realmente grave habría muerto, aunque tal vez otros no merecían estar allí: en vez de colapsar urgencias, deberían curarse su resfriado con un carajillo en el café de la esquina.

 Sustituya usted a los pacientes por los seis decretos ley que ayer fueron convalidados y comprobará la irresponsabilidad del PP al rechazarlos todos: al infartado y al acatarrado. Si el decreto ley, como las emergencias del Sergas, está justificado en casos de necesidad y urgencia, ¿alguien puede comprender que el PP se oponga a que España tome medidas ante la eventualidad de un brexit salvaje? La necesidad de un colchón -cojín, rebaja aplicada por el portavoz del PNV- que amortigüe el impacto está fuera de toda duda. Al igual que su urgencia: Bruselas considera «muy probable» que la ruptura se produzca el próximo día 12. Faltan solo ocho días.

Ciudadanos, que aborrece a Sánchez tanto como Casado, lo apoyó «por lealtad al Estado». Lo cual implica un duro varapalo a sus compañeros de viaje: el PP es desleal con el Estado, o sea, también traiciona a España.

¿Alguien puede comprender, si no es porque viene de quien viene, que el PP se oponga al nuevo marco normativo de la estiba portuaria, aceptado por patronal y trabajadores? ¿O a la prórroga de la autorización a comunidades autónomas y entidades locales para que destinen su superávit a inversiones financieramente sostenibles? Núñez Feijoo, al igual que los presidentes de Canarias, País Vasco o Navarra, o miles de alcaldes de todo color o condición, estoy seguro de que no lo entienden.

Como el «no a todo» lo que lleve la marca Sánchez supone un principio inamovible, sea bueno, malo o mediopensionista, nos quedamos sin saber qué piensa o qué propone el PP sobre otros asuntos a debate: el subsidio a los parados mayores de 52 años, la ampliación del permiso de paternidad o la mayor seguridad de los inquilinos de viviendas de alquiler.

Los seis decretos ley salieron adelante. Todos los pacientes de urgencias fueron atendidos, gracias a que el servicio contaba con otros facultativos que se tomaron en serio su trabajo. Aunque tampoco ahorraron críticas al médico de cabecera: por el uso y abuso del decreto ley en víspera de elecciones, por remitirles enfermos que debieran haber recibido tratamiento ordinario en el ambulatorio o por atiborrar la sala de espera de propaganda electoral. Pero todos establecieron su diagnóstico y votaron en consecuencia. Todos, menos el negligente doctor Casado: cinco de los seis decretos fueron convalidados con la única oposición del PP y solo uno, rechazado por el tándem PP-Ciudadanos. Algunas virtudes deben adornar esas leyes para contar con tan amplio respaldo parlamentario.

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