Digamos no


El votante de izquierda o, en sentido más amplio, progresista siempre ha sido especialmente crítico, propenso a castigar con la abstención la incompetencia, el engaño o la traición de los partidos que deberían representarlo. Es una actitud más digna de elogio que de censura, pero que puede ser muy peligrosa en momentos cruciales. Cuando lo que está en juego es el riesgo de una involución que, de producirse, será difícil revertir, o incluso de una confrontación civil en Cataluña, el voto para quienes pueden evitarlo, aunque sus propuestas o sus líderes no satisfagan plenamente, se convierte en una obligación, en un deber cívico.

El rechazo al neofranquismo, al integrismo reaccionario, a la sistemática violencia verbal, demagógica y sectaria, de los líderes de la derecha no supone una actitud negativa, es la forma positiva de garantizar que no seguiremos perdiendo lo conseguido y de que no se cerrarán las puertas a que las cosas mejoren. Me voy a permitir parafrasear una de las canciones más representativas de la lucha contra la dictadura: «No, diguem no. Nosaltres no som d'eixe món./No, digamos no. Nosotros no somos de ese mundo».

Digamos no al recorte de libertades, a la prohibición de partidos políticos solo por sus ideas. Digamos no al uso de la policía y la fiscalía para espiar y perseguir injustamente a la oposición. Digamos no a la apropiación de las instituciones públicas por el partido gobernante. Digamos no a la corrupción sistemática. Digamos no al machismo. Digamos no al integrismo religioso. Digamos no al racismo y a la xenofobia. Digamos no a la intolerancia. Digamos no a la justicia concebida como venganza. Digamos no a los sedicentes demócratas que quieren que permanezcan los homenajes al fascismo en mausoleos, calles y monumentos. Digamos no al viejo centralismo bonapartista de la derecha. Digamos no a los sueldos de miseria y las jornadas laborales abusivas. Digamos no al empleo precario. Digamos no a la falta de viviendas asequibles. Digamos no al recorte de fondos para la investigación. Digamos no a la liquidación de la sanidad y la educación públicas. Digamos no a las pensiones insuficientes. Digamos no a quienes utilizan las patrias y sus banderas para enfrentar a las personas.

Decir no es decir sí. Nosotros no somos de ese mundo, no permitamos que nos lo impongan, votemos el 28 de abril.

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