Apaguen la campaña, enciendan la cultura


Me preguntan: ¿Por qué no escribes más de libros? No les falta razón. A veces necesitamos tanto esos libros que nos hacen más libres y que nos ayudan a sobrevivir. Hay por ahí una autora, Kondo se llama, que dice que con treinta libros llega. Está empeñada en que ordenemos todo y nos carguemos lo superfluo, cuando muchas veces en lo superfluo está lo mejor. El orden elimina de golpe lo salvaje, que suele ser lo importante, lo que se queda en la memoria a fuego y sangre. Las horas perdidas son las horas ganadas. Pero regreso a los libros, a una selección aleatoria total. Cuando un amigo acaba de ser padre le regalo siempre La carretera, de Cormac McCarthy. No falla. Se emociona al leerlo. Sirve para darte cuenta de lo mucho que se quiere a un hijo, más todavía de lo que ya crees que los quieres. Y tener hijos además ayuda a entender cuánto te quisieron tus padres. Cuando una amiga o un amigo necesita de forma urgente que le receten risas dentro del papel de regalo va Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Otro clásico, este español. Imposible no desternillarse de risa. Esa es la expresión. El marciano, Marta Sánchez, Barcelona. Muy grande. Otra opción recurrente que garantiza lágrimas de emoción es Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Un genio. Palabras mayores por sencillas. Todo Delibes es una lección. Pero en estas páginas se refleja ese amor inmenso de muchos matrimonios que, desde fuera, pueden parecer convencionales y que, desde los ojos del siglo XXI, identificamos con la generación de nuestros padres o abuelos. Un amor a raudales que en la pérdida deja seco al superviviente. Cuando veo que alguien cercano necesita evadirse sin pillar un vuelo, me tiro a la fantasía y recupero un clásico para llevárselo rápido como al enfermo le llevas medicina. En el paquete va La historia interminable, de Michael Ende. Ese juego de tintas entre realidad y ficción. Abrir los ojos y enfrentarte al día a día y cerrarlos, tras leer este libro, para viajar a un mundo de fantasía que te da cuerda para soñar y seguir. La lectura es la manera en la que se hacen más kilómetros (físicos y mentales) sin moverse de un sillón. Nunca se pierde el tiempo con un libro. Las letras nos mejoran. Es oxígeno. Pura electrolisis. Apaguen la campaña, enciendan la cultura.

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