Inés, Ana e Irene..., machismo ibérico


La anomalía española. O tal vez habría que decir del sur de Europa. Cojo el guante que lanzaba mi compañero César Rodríguez sobre la necesidad de otro debate entre las líderes de los partidos y voy más allá. A España no le hacía falta que uno de los dos debates fuese protagonizado por mujeres. Lo que este país necesita con urgencia es que ellas manden, que gobiernen. En Galicia lo sabemos bien. El matriarcado siempre ha funcionado. Es muy triste que estas elecciones sean otra vez una carrera entre los cinco jinetes del Apocalipsis.

Necesitamos mujeres. Escuchar a unos y a otras lo ha puesto en evidencia. No hay color entre Pedro Sánchez y María Jesús Montero. La ministra de Hacienda es una crac. Una killer del área política, maestra del fango. Si debate ella con Sánchez lo pulveriza. ¿Por qué el PSOE que habla tanto de ser el partido de los grandes cambios en España no ha sido capaz de colocar a una mujer al mando? ¿Está España condenada o no tener nunca un Borgen, una Merkel o una Thatcher? Tiene que ser un complejo histórico que bebe de nuestro machismo ibérico y que compartimos con algunos países del sur del viejo continente. Es como si aquí siguiésemos sufriendo, sobre todo ellas, del síndrome de Penélope. Para ellas, la espera. Para nosotros, la acción. Cuando nos han demostrado que cuando se mueven arrasan. Lo hemos visto en las últimas movilizaciones, que subrayaron lo obvio.

Pero llegó la campaña y cinco tíos candidatos. Sigamos. En el PP el debate no es entre Pablo Casado o la irrupción mediática de Cayetana. En el PP la candidata perfecta era Ana Pastor. Una roca. Una política sin fisuras. Fue una extraordinaria presidenta del Congreso en una legislatura casi imposible. Le da diez mil vueltas a Casado, el errado. El problema de Ana Pastor es como el de las catedrales. Sabemos que son poderosas y que están ahí. Solo las echamos en falta cuando arden.

En Ciudadanos, la sucesión tarda. Hace mucho que Inés Arrimadas es muy superior a Albert Rivera. El futuro de Ciudadanos es Inés o no es. Él parece una caricatura al lado de la solvencia y la naturalidad de ella. Sucede otro tanto con Podemos. Hace tiempo que se produjo el agujero negro de la estrella Pablo Iglesias. Vuelve él fue la demostración de que está amortizado. Irene Montero le dio un repaso la primera vez que irrumpió en el Congreso. Y le sigue dando repasos cada vez que habla como agua clara. Qué gozada elegir en la España de Concepción Arenal entre María Jesús, Ana, Inés e Irene. Hubiese sido asumir lo que sucede en las casas. Ellas tienen un talento y una empatía que a nosotros no nos sale ni buscándolos. En Vox no atopo candidata, porque siguen con la caspa de las mujeres en la cocina.

Algún día.

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