Cómo ganar sin abrir la boca


Les voy a adelantar una primicia: el ganador de los debates será el partido ultraderechista neofranquista. Con su ausencia obligada por la Junta Electoral, Abascal se evitará hacer el ridículo, ya que su discurso, si es que se le puede llamar así, no va más allá de la involución y el patrioterismo rancio, que solo ha calado como reacción al desafío independentista. Eso sí, no tiene el Estado en la cabeza, pero lleva España en el corazón. Por toda respuesta a problemas complejos, esta extrema derecha carpetovetónica, mezcla de trumpismo de andar por casa y lepenismo en bruto, solo ofrece el palo y tentetieso. Eliminar las autonomías, cerrar cadenas de televisión, prohibir partidos políticos, expulsar a los inmigrantes, desmantelar el sistema público de pensiones o cargarse la ley de violencia de género. Sánchez quería que participara en el único debate que planeaba para dividir aún más el voto de las derechas. Pero quizá hasta le venga bien que no esté, porque el votante más facha no quedará satisfecho ni siquiera con el festival de ataques a su yugular que protagonizarán Casado y Rivera. Preferirá el original a la copia. Ya pasó en Francia y otros países europeos, donde la derecha ha cedido ante la ultraderecha por asumir sus marcos. Sin abrir la boca, Abascal no sufrirá desgaste alguno ni mostrará su insolvencia. Su ausencia favorecerá su condición de alternativa al sistema y su estrategia de correr el menor riesgo posible en la campaña. Puede que no gane votos, pero tampoco los perderá, a lo que se arriesgaba si comparecía y se veía obligado a explicar sus dislates. La encuesta de La Voz indica que la ultraderecha se desinfla, aunque supera el 10 %, pero aún hay muchos indecisos y voto oculto. Todo está abierto.

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