Agitar el miedo a los ausentes


Era un debate inédito. Porque, por primera vez, hay otro con los mismos protagonistas hoy. Como si fuera una semifinal de la Champions, con partidos de ida y vuelta. Todo está por decidir, como las elecciones. Los contendientes aún tienen tiempo de subsanar los errores cometidos ayer. Pero visto lo visto, ¿qué les quedará en la recámara? Pedro Sánchez llegó amparado en el viento favorable de las encuestas, las mismas que no vieron llegar ni a Trump ni a Bolsonaro ni, lo que es más importante en nuestro caso, al tripartito de derechas en Andalucía. Susana Díaz cometió el craso error de creérselas, jugar al «catenaccio» y ahora está en la oposición. El líder socialista parece haber aprendido la lección y contraatacó con contundencia a los continuos dardos de sus adversarios de la derecha. Casado y Rivera se lanzaron a la yugular de Sánchez desde el principio, estaban obligados a recurrir al juego duro y salieron al ataque, con agresividad. No solo porque van por detrás en la clasificación, sino también porque tienen que achicar el espacio a Abascal. El presidente agitó el fantasma de la extrema derecha y de la involución que representaría el tripartito de la plaza de Colón, mientras Casado y Rivera, cada vez más clónicos, convirtieron Cataluña en su bandera electoral, metiendo miedo con un hipotético pacto con los independentistas. Sí, el mantra de los «señores Torra, Puigdemont y Otegi» y la consabida pregunta sobre el indulto.

Todo según el guion previsto. Según esa disyuntiva, se trataría de saber a quién temen más los votantes. Es duro decirlo pero la mejor baza de los socialistas es la extrema derecha y la de PP y Ciudadanos los separatistas. Los ausentes estuvieron ayer muy presentes.

¿E Iglesias? Lo tenía muy difícil, porque debía marcar distancias con el que ha sido su aliado y quiere que siga siéndolo. Recurrió como muleta a su librito de la Constitución, la misma que simboliza el «régimen del 78» que tanto ha denostado. Y él también metió miedo, pero a la izquierda, con la posibilidad de un pacto PSOE-Ciudadanos.

Más que nunca, las elecciones se han convertido en una lucha de bloques, el eje derecha-izquierda, que algunos analistas llevan años dando por muerto, está muy vivo. El rifirrafe sobre los impuestos fue un ejemplo de las dos visiones políticas antagónicas. Aunque se ha añadido a la ecuación el desafío separatista como elemento fundamental. La clave será saber qué candidato logrará atraer más votantes indecisos en unos debates en los que cada uno habla de su libro. Y siguiendo con el símil de la Champions, ninguno es Messi ni Ronaldo.

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