Minifalda: ni a los toros, ni a la jura


Recuerdo aun vívidamente la época en la que las jóvenes españolas discutían con sus madres sobre el largo de las faldas (los padres ronroneaban por detrás y echaban a sus mujeres por delante). Y es que en la dura batalla por la liberación de la mujer aligerarse de ropa jugó siempre un papel fundamental. Todavía en 1971 y en una película tan mala como todas las suyas (Me debes un muerto) cantaba Manolo Escobar aquello de «no me gusta que a los toros/ te pongas la minifalda […] que los toros de esta tarde/yo tengo ganas de verlos/sin pelearme con nadie». Inenarrable, pero expresivo de un machismo cutre que las mujeres lograron sacudirse a medida que libremente fueron quitándose de encima los trapos que eran un signo de opresión.

La normalización de la minifalda y no digamos ya la del bikini fueron por eso dos victorias de la libertad de las mujeres contra los que siempre han querido tenerlas sometidas: a más ropa, más dominación. ¡Que se lo digan sino a los musulmanes radicales o a los judíos ortodoxos!

No parece pensar lo mismo la Delegación del Gobierno en Extremadura, que ordenó hace unos días la inmediata retirada de un cartel donde el Ayuntamiento de Fuente de Maestre anunciaba una jura de bandera para civiles con la foto de una mujer en minifalda que besaba la bandera nacional. La delegación consideraba inaceptable «que se asocie el uso de una imagen estereotipada de la mujer con la identidad de la bandera de España, del Gobierno de España y del Ejército español» pues ello atentaría contra los valores de igualdad presentes en la Constitución «y que forman parte esencial de nuestra democracia y del espíritu de las Fuerzas Armadas españolas».

Como la canción de Manolo Escobar, ¡y por idénticos motivos!, inenarrable. Pues ahora va a resultar que una prenda -la minifalda- que usan a diario millones de españolas, como lo hacen millones de mujeres que viven en lugares en los que existe libertad (donde no, son obligatorios hiyabs, chadores, burkas o niqabs), representa «una imagen estereotipada de la mujer» y no la manifestación de su autonomía para hacer lo que le plazca. ¡Pues estamos buenos! Ahora va a resultar que la lucha por la igualdad y dignidad de la mujer consiste en una especie de neojomeinismo, que considera la minifalda una indecencia. ¡Menuda cagalera mental!

 En 1981 publicó uno de los periodistas más notables de la segunda mitad del siglo XX, el inmenso Gay Talese, un libro que analizaba la auténtica revolución que tuvo lugar en la vida sexual tanto de los norteamericanos y de las sociedades abiertas de Occidente. En La mujer de tu prójimo investigaba Talese el complejo y muchas veces contradictorio proceso que impulsó la libertad sexual en Estados Unidos frente al previo puritanismo dominante. Un puritanismo reaccionario que ahora regresa en no pocos lugares bajo la cínica coartada de la lucha sin cuartel contra el machismo.

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