Un país maravilloso

OPINIÓN

Los candidatos populares (i-d) Juan Milián, Daniel Serrano, Cayetana Álvarez de Toledo, Alejandro Fernández, Irene Pardo y Joan López, comparecen tras conocer los resultados electorales, hoy domingo en la sede del PP en Barcelona
Los candidatos populares (i-d) Juan Milián, Daniel Serrano, Cayetana Álvarez de Toledo, Alejandro Fernández, Irene Pardo y Joan López, comparecen tras conocer los resultados electorales, hoy domingo en la sede del PP en Barcelona Marta Pérez

29 abr 2019 . Actualizado a las 11:41 h.

Permítanme decirles una cosa: España es un país maravilloso. Nuestra sociedad está razonablemente bien armada en el terreno de los valores, si la comparamos con la de otros Estados europeos. Así lo indican todas las encuestas y también fenómenos como el 8 de marzo, a pesar de que a los españoles, al menos desde 1898, nos encante autofustigarnos y representarnos a nosotros mismos como una sociedad atrasada y con veleidades autoritarias. Nuestro talón de Aquiles como país siempre ha sido la falta de autoestima. Pero los datos refutan nuestra autopercepción distorsionada.

Las elecciones del 28A han demostrado que la sociedad española es más sensata de lo que muchos en la izquierda creían. No se ha dejado seducir por cantos de sirena ultraderechistas o por discursos simplistas sobre la ruptura de España, la inmigración o la seguridad. El miedo a esa deriva reaccionaria ha llenado las urnas de votos progresistas. Paradójicamente, en un momento en el muchos se empeñan en poner en cuestión el tradicional eje izquierda-derecha, estas elecciones han girado precisamente en torno a esos dos extremos, con frentes muy nítidos y prácticamente sin mediaciones. Y la derecha ha salido derrotada. Sin paliativos.  

Bien es cierto que Vox ha logrado entrar en las instituciones nacionales con 24 escaños. De ese modo España se suma a los vientos favorables a la derecha radical que soplan en toda Europa, con la honrosa excepción de Portugal. Pero los resultados de las elecciones son siempre una cuestión de expectativas. Y el souffle Vox ha bajado con la misma rapidez con la que subió en los comicios andaluces. Tanto sus simpatizantes como aquellos otros que desde la izquierda les temen, pronosticaban unos resultados sorpresivos que no se han producido. Y por si fuera poco Abascal ha conseguido, por la vía del fraccionamiento del voto de la derecha, llevarse por delante a un Pablo Casado que es el gran derrotado de las elecciones. El PP no solo ha perdido más de la mitad de los diputados que logró en 2016. También siente el aliento de Rivera en la nuca, que ya ha empezado a disputarle el liderazgo de la derecha.