La «reconquista» pinchó en las urnas. Vox tiene 24 diputados. Representan a 2.677.173 ciudadanos que votaron ultraderecha. Pero el sistema no tiembla. ¿Por qué? Porque por ahora los de Abascal no van a mandar nada en España. Esos parlamentarios no generarán problemas a corto plazo.

Sí van a hacer mucho ruido. Son fieles seguidores de la biblia de Steve Bannon, el gran adalid de la ultraderecha a ambos lados del Atlántico. Y el primer mandamiento de ese libro sagrado dice que hay que esparcir bulos tóxicos como si no hubiera un mañana, (sobre todo si no has cubierto expectativas) El que más han intentado distribuir es el que sugiere que las elecciones fueron amañadas.

Por redes públicas como Youtube circularon vídeos con supuestas pruebas de chanchullos. Fueron desacreditados casi al instante, pero a muchos de sus votantes les da igual. Cuando siembras falsedades, cosechas odio. Recoges comentarios como «algo huele muy mal aquí» o «han tenido que manipular porque iba a arrasar Vox».

No tienen desperdicio. Todo son conspiraciones y contubernios. Una alianza entre George Soros, las mujeres («el hembrismo», según su jerga), los judíos, la banca y la pérfida Albión hizo el mayor pucherazo de la historia. Y luego vino el lobo feroz y se comió tres millones de votos de la ruidosa y frustrada ultraderechita. Si alguien quiere comprarles este tipo de discursos, que recuerde que también se puede creer en la tierra plana y en los reptilianos. 

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Los bulos de la ultraderechita