Primera prueba de tono centrista, superada


Cordial, afable y fluida. Estos son los adjetivos con que fuentes gubernamentales califican la reunión de Pedro Sánchez y Pablo Casado. Dan ganas de escribirlo otra vez: cordial, afable y fluida. ¡Quién lo iba a decir hace diez días! Entonces el señor Casado acusaba a su anfitrión prácticamente de todo, empezando por estar entregado a los que quieren destruir España. Y hace algunos meses, el señor Sánchez le dijo al hoy jefe de la oposición que con él no tenía nada que hablar.

Los tiempos han cambiado. Casado había dicho por la mañana que «nos hemos sacudido el polvo», antes había asegurado en Galicia que había recibido el mensaje de las urnas, y llegó a La Moncloa como un hombre más humilde y realista. Sánchez, terminado el fragor electoral, trata sencillamente de iniciar una legislatura menos crispada y vuelve a hablar con quien había despreciado. No lo hacían desde principios de agosto del 2018. Nueve meses de silencio y juego de frentes, y hora y media para la reconciliación. Ese es el balance.

Realmente, las expectativas que había en torno a esa reunión se reducían a las que había creado la prensa desde hace una semana: los indicios para la formación de nuevo gobierno, los pactos que se decía que ambos iban a poner sobre la mesa, y el tono del líder del PP después de haber prometido un giro al centro. Sobre el nuevo gobierno, Casado informó que será débil, lo cual induce a pensar que hoy no se ofrecerá a Pablo Iglesias la coalición. Pero no se fíen ustedes, porque la primera obligación del jefe de la oposición es calificar así al gabinete incluso antes de formarse. A lo mejor Casado lo dice para justificar una oposición «fuerte y firme, pero responsable».

Sobre los pactos anunciados por periódicos, parece que resultaron fakes, porque, según Casado, no era el día. Quedémonos con que cuando lleguen se hablará, faltaría más; que sobre Cataluña habrá un contacto permanente, toda una novedad entre ambos personajes; que habrá encuentros regulares, detalle siempre prometido y nunca cumplido; que el Partido Popular no pondrá inconveniente al gobierno que se forme si no depende de separatistas, compromiso que habrá tranquilizado al inquilino de Moncloa; y que ambos quieren dar una imagen de unión del país en cuestiones fundamentales.

Pero no nos engañemos: el examen al que se sometía Casado era para obtener el codiciado título de centrista. Era la primera prueba de tono y hay que reconocer que se esforzó en dar una imagen de sosiego. Incluso hizo un ejercicio de amnesia de las brutalidades dichas en campaña. Claro que un atril en la Moncloa no es un mitin ni una sesión de control, pero la calificación de tono supera el aprobado. Vamos a ver lo que dura.

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Primera prueba de tono centrista, superada