Pasarela Moncloa, viraje a la izquierda


Terminó el pase de modelos en la pasarela de la Moncloa. Es decir, terminaron los two days fashion, para expresarlo con la terminología de los cronistas de la moda. Y esto es lo que se llevará esta temporada: la moderación, del taller del acreditado modisto Pablo Casado, rápido en el cambio de un estilo muy personal y muy prêt-à-porter; la agresividad, del creativo Albert Rivera, con unos vestidos provocadores, sobre todo en Cataluña y una voluntad nítida de quitarle mercado parlamentario a su rival de siempre, que es el PP; y los velos del imaginativo Pablo Iglesias, que mostró una moda no terminada en su concepción, pero que apunta al sosiego en las formas, sin grandes escotes y faldas levemente acomodaticias, como ya había sugerido en el último debate electoral. El éxito de crítica y de ventas de sus últimas costuras le animan a buscar nuevos mercados en ese estilo en el que, además, parece que se encuentra cómodo.

Digamos, ciñéndonos a los desfiles de este martes, que el modisto Rivera desempeñó el mismo papel que en la campaña, y que Sánchez definió como cordón sanitario: ser oposición de marcaje continuo y sin concesiones. Y lo más sorprendente: frente a un Casado que ni lo mencionó, él mantiene la exigencia de aplicar el 155, aunque solo tenga cuatro senadores. Como idea para seducir al mundo más conservador y pelear por el liderazgo de la oposición, no está mal. Pero tiene un problema: la mayoría para aprobar tan drástica medida depende el PSOE y no se puede defender si no existe una clara vulneración de la ley, como fue en su día la declaración unilateral de independencia.

Lo de Pablo Iglesias, además de sosegado, resultó algo cómico para las expectativas creadas. Lo único que hicieron él y Pedro Sánchez fue ponerse de acuerdo en que se tienen que poner de acuerdo, que para eso son progresistas, y ponerse de acuerdo en no decir nada a la opinión pública. Por eso el líder de Podemos se escudó en la belleza de las palabras, que recursos no le faltan, se refugió en la necesidad de discreción porque la negociación será larga, y rozó la descortesía con la prensa al cortar casi en seco la comparecencia más corta que se le recuerda.

Terminado el desfile, este balance: cabe la coalición de gobierno, y Pablo Iglesias se parece a aquel personaje del franquismo al que preguntaron si aceptaría ser ministro y respondió «¿Ministro? Aunque sea de Marina». Pero cabe también el pacto programático que José Luis Ábalos ofrece cada media hora. La fórmula queda pendiente, y así seguirá hasta las elecciones municipales. Lo único claro es que debemos disponernos a tener un Gobierno de clara inspiración de izquierda. Falta el formato, pero es clamorosa la intención.

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