Pablo Casado, la metamorfosis


Casado tiene un problema muy grave, diría que irresoluble, sobre todo con una cita electoral tan próxima: no es creíble. De mimetizarse con la extrema derecha, copiarle propuestas y marcos de referencia y abrirle las puertas de su hipotético gobierno ha pasado a fustigar a un partido que es su socio en Andalucía y con el que volverá a pactar tras el 26M si lo necesita. El aún líder popular, que se fotografió sonriente y satisfecho con Abascal en Colón, ha descubierto de pronto que la ultraderecha es de ultraderecha y se ha metamorfoseado tras la debacle electoral en campeón del centrismo. Con elegancia, pero sin cortarse un pelo, Feijoo le ha señalado uno a uno sus errores de principiante, que han hundido al PP hasta el peor resultado de su historia. Tras fulminar de mala manera al marianismo y abrazarse al aznarismo, rodearse de mediocres y fichajes frikis, ahora recupera a Rajoy, margina a su padrino político y se permite denunciar los chiringuitos de su antigua protectora Esperanza Aguirre, de los que se benefició Abascal. Ha pasado de la derecha «sin complejos» al centrismo acomplejado. Casado da la impresión de ser un juguete roto que intenta salvarse a la desesperada de un destino que ya parece escrito. Sabe que Rivera, que ha pasado a ser su principal adversario, le pisa los talones y que la ultraderecha le ha birlado la cartera. Veremos cuántos de los votantes que huyeron despavoridos por los dos flancos el 28A y que hicieron perder 71 escaños al PP se creen su conversión abrupta, táctica y marxista (de Groucho), si no le gustan mis principios, el compadreo con la extrema derecha, tengo otros, el centrismo. La pregunta es: ¿en qué cree en realidad Pablo Casado?

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