No es una segunda vuelta, pero lo va a parecer

OPINIÓN

14 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Al celebrarse justo después de las generales, estas elecciones van a ser especialmente locales y regionales. Se han amansado los discursos políticos; por primera vez en mucho tiempo, Cataluña ha dejado de estar en el centro del debate y también ha disminuido el temor al resultado: cesó la amenaza de que la extrema derecha pudiese llegar al gobierno y los que creyeron que España desaparecería si ganaban Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habrán comenzado a darse cuenta de que no era ese un peligro inminente. Como siempre, sobre todo en las municipales, influirán mucho los candidatos y el voto estará menos condicionado por la política general y los líderes estatales. En todo caso, serán las europeas las que marquen tendencias para el conjunto de España.

Aunque esto sea así, los comicios de abril dejaron incógnitas que ahora deberán resolverse, la solución condicionará probablemente la política durante los próximos cuatro años, es muy posible que no haya nuevas elecciones hasta 2023, salvo en algunas comunidades autónomas. La principal es qué sucederá en la batalla por la hegemonía en la derecha. Se agradece el giro del PP hacia la moderación, aunque haya contribuido a aumentar las dudas sobre la credibilidad de la nueva dirección y especialmente sobre los señores Casado y García Egea. Lo mejor para el partido sería que en el electorado de centroderecha calase la idea de que está por encima de los desvaríos de líderes bisoños y oportunistas, que es capaz de reconducirlos. Luego se verá si eso conduce a su sustitución, algo bastante probable. Su ascenso al poder fue demasiado cruento, solo un éxito, y no la catástrofe que se produjo, podría haber logrado que se les perdonasen tantos cadáveres.

A Ciudadanos ya no le sirve desgañitarse con el artículo 155, su anunciada predisposición a pactar con los neofranquistas antes que con los socialdemócratas debilita mucho su supuesto carácter centrista y liberal. Si ese segmento del electorado se muestra de perdón fácil, es posible que el PP, ya viejo conocido, mejore sus resultados frente al poco previsible partido de Albert Rivera. También, como el mes pasado, el PSOE puede beneficiarse de la deriva naranja. No parece que el señor Valls haya logrado la transversalidad que pretendía, quizá Juan Vázquez en Asturias e Igea en Castilla y León sean los candidatos regionales con mejores perspectivas. El primero, reacio a llegar a acuerdos con la extrema derecha y confeso simpatizante de la socialdemocracia, se ve favorecido por la feroz división de los populares asturianos; el segundo, también moderado, por el inevitable desgaste que provocan en el PP castellano y leonés décadas de ejercicio del poder. En Madrid, Ciudadanos podría verse beneficiado por la selección de candidatos para el ayuntamiento y la comunidad que realizó el señor Casado, uno más de los desaciertos por los que sus compañeros de partido podrán pasarle factura.

Lo deseable sería que VOX redujese su porcentaje de voto, no es improbable. Ni la repentina bajada del tono de los discursos de sus portavoces ni gestos un tanto extravagantes como la presentación de las candidaturas en un taller modifican su carácter o permiten disimular el origen ultraderechista, fascista, de muchos de sus candidatos. Partido de pijos fachas, mucho tendría que cambiar su programa para darle un carácter más social y conseguir así un apoyo similar al de otras derechas extremas de Europa, quizá dentro de cuatro años, si no desaparece antes.

Los partidos situados a la izquierda del PSOE se han empeñado en casi toda España en fomentar la confusión, hay que estar muy bien informado para saber quién es quién. Es de suponer que el galimatías favorecerá al PSOE, salvo en la ciudad de Madrid. En este sentido, Pedro Sánchez afronta la contienda con tranquilidad, aunque en muchos ayuntamientos y comunidades la primera posición pueda no ser suficiente para permitirle gobernar. Si los resultados son mejores de los esperados, lo logrará en buena parte de España; si fuesen algo peores, siempre podrá alegar que es el más votado.

Gracias a esa multiplicación de las candidaturas locales y regionales de izquierda, Unidas Podemos medirá su fuerza sobre todo en las europeas, lo que le da cierta ventaja y puede permitirle recobrar la moral.

En cualquier caso, se agradece que estas elecciones no resulten amenazadoras. Quizá sea una postura un poco conservadora, pero tranquiliza saber que, suceda lo que suceda el 26, quienes gobiernen lo harán de forma previsible y, aunque puedan generar incomodidades, serán superables.