26M: ¿amainará la tormenta perfecta?


Quienes hayan visto la película de título homónimo sabrán ya que una tormenta perfecta es la conjunción de fenómenos atmosféricos que origina una situación meteorológica de naturaleza inusual. 

Por extensión, las tormentas políticas perfectas se producen cuando la unión de varios hechos da lugar a un vendaval. No de otro modo puede denominarse lo acontecido en nuestro sistema de partidos al pasar Vox de la marginalidad a la relevancia.

Vox ha causado al PP no solo lo que en derecho civil se denomina daño emergente (los 24 escaños de Abascal proceden sobre todo de antiguos votantes populares) sino además lucro cesante: los que hubiera obtenido el PP, además de esos 24 diputados, si sus votos y los de Vox no se hubieran dividido, algo que castiga como es sabido el sistema electoral. Baste mencionar que la diferencia entre el apoyo al PSOE y al PP+Vox no llega a los dos puntos (28,7% frente a 27%), lo que hace pensar que, sin tal división, el reparto de escaños entre socialistas y populares el 28 de abril habría sido muy distinto.

El PP intentó frenar el auge de Vox, al que algunos sondeos atribuyeron hasta 50 diputados, radicalizando su discurso conservador, lo que generó una fuerte traslación de voto a Ciudadanos y, en mucha menor medida, al PSOE.

El antiguo voto del PP quedó fragmentado en tres partidos, lo que tras beneficiar electoralmente a la izquierda (las sumas son de nuevo significativas: PSOE y Podemos superaron en menos de un punto a PP, Ciudadanos y Vox: 43,6% frente a 42,8) generó una gresca formidable entre Ciudadanos y el PP que Sánchez contempla con la felicidad que era de esperar.

Pese a haber llegado al Gobierno a lomos de una entente cordial con Podemos y los separatistas, la emergencia de Vox permitió a Sánchez además mostrarse como un político moderado y responsable, facilitándole un potente discurso de campaña: había que parar a las llamadas tres derechas, que, ya unidas en Andalucía, amenazaban con repetir gobierno en el conjunto del país.

 Si las encuestas no yerran, la tormenta perfecta se mantendrá el próximo 26 de mayo. Ello significaría que Vox habría provocado un corrimiento de voto general hacia la izquierda para huir del peligro de que la extrema derecha llegue a gobernar incluso cuando, como en la mayoría de los municipios, en muchas regiones y en las elecciones europeas, aquel es inexistente. Frente a ello poco o nada pueden hacer de momento Ciudadanos y el PP.

De hecho, todo apunta a que los efectos de la tormenta seguirán por lo menos hasta que haya nuevo ejecutivo nacional. Y es que el PSOE no podrá formar mayoría con Ciudadanos, pese a que tuvo esa ensoñación, sino con Podemos y, en su caso, con los separatistas. De que ese gobierno provoque o no una nueva tormenta (no ya virtual, como la que ha puesto el país patas arriba, sino real) dependerá que la segunda acabe por dominar el lugar que hoy ocupa la primera.

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