El «muro» que aisla al Partido Popular


Estoy empezando a creer que al Partido Popular le ocurre lo mismo que decía Felipe González que le ocurría a su Gobierno en su período de decadencia: que había un muro que impedía que sus mensajes llegasen a la opinión pública. Me baso para esa creencia, posiblemente equivocada, en lo que trasciende a los medios informativos de su campaña electoral. Pesimistas encuestas al margen, lo que vemos cada día es prácticamente lo mismo que en la campaña de las elecciones generales, con dos diferencias: una, que Pablo Casado y sus candidatos insisten mucho en su definición de centristas; otra, la confesión de que su adversario ante las urnas no es el Partido Socialista, sino Ciudadanos. 

Pero hay un detalle concreto que afianza mi tesis: el domingo hemos podido escuchar cómo el secretario general del PP, Teodoro García Egea, se desgañitaba denunciando que Ciudadanos copia su programa electoral. Lo había dicho alguna vez el propio Casado, pero García Egea concretaba más: según él, la promesa de Albert Rivera de rebajar un euro los impuestos autonómicos por cada euro que suba Pedro Sánchez en los impuestos estatales, había sido anunciada por los máximos dirigentes del PP inmediatamente antes. Albert Rivera es un plagiador, ahora que no se acusa a nadie del plagio de tesis doctorales.

Suponiendo que García Egea diga la verdad, cosa que no dudo, el Partido Popular está separado de la opinión pública por el que podríamos llamar «el muro González». Si Casado y el propio Teodoro hicieron esa promesa con anterioridad, incluso el día antes, apenas se ha publicado. Este cronista, por lo menos, no lo ha visto ni en los periódicos ni en la televisión. Tampoco lo escuchó en la radio. Una de dos: o las crónicas electorales fueron ocultadas por el fallecimiento de Pérez Rubalcaba, o el PP tiene un problema de difusión de sus mensajes. Eso es lo que tendría que preocupar a sus dirigentes.

No creo que sea culpa de los periodistas que cubren la campaña ni que los propietarios de medios tengan aversión al partido. Si Pablo Iglesias no miente como un bellaco cuando acusa a esos propietarios de ser agentes del capitalismo y enemigos del cambio que supone Podemos, todos tendrían que ser de derechas.

Y si ayer mismo destacaban en su mayoría la propuesta de Ciudadanos, tiene que ser por alguna deficiencia del Partido Popular. Con lo cual, llego a una conclusión parecida a la que llegaba en las elecciones del 28 de abril: no conseguimos enterarnos de sus propuestas positivas y el PP no consigue transmitir un mensaje ilusionante. Así no se puede ganar.

Analice o mande analizar el señor Casado esta circunstancia y podrá tener una parte del pesimista diagnóstico de las encuestas ante las urnas del día 26.

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