Josu, el «Carnicero»


No fue un carnicero. Josu Ternera fue el Carnicero. Y su especialidad eran, precisamente, los terneros; o sea, los niños, por eso la Gendarmería y la Guardia Civil bautizaron la operación de su captura de Infancia Robada.

Fue una de las cabezas de serpiente de ETA más letales, cuando la organización terrorista cambió su estrategia habitual del tiro en la nuca a la colocación de explosivos donde se hallaban muchas personas: recuérdese la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en la que los seis niños (11 víctimas en total) no fueron muertes colaterales. Fueron a asesinarlos.

Josu, el Carnicero, está entre los matadores más espeluznantes de la historia contemporánea de España, que incluye a los vascos. Y un vasco, Arnaldo Otegui, dijo ayer que no era conveniente encarcelar a Ternera porque fue un combatiente de un ejército de liberación contra el Estado imperialista. Este inmundo argumento es el mismo que escupe Carlos Puigdemont (huyó, como Ternera), Joaquín Torra, Oriol Junqueras, Marta Rovira (otra fugada, como la anticapitalista ahora mudada a burguesa Ana Gabriel).

Otegui es otra cabeza, la de Bildu, donde están, con otras bandas, los que homenajean a los etarras. Pero hay más: en Navarra, con epicentro en Alsasua. En Cataluña: la CUP, Arrán, los CDR, Ómnium Cultural, la ANC, mozos, algunos comerciantes, radicales universitarios, delincuentes comunes… Torra acaba de homenajear a Calos Sastre, dirigente de un minúsculo sindicato separatista que asesinó a sangre fría al empresario José María Bultó.

Y que no se olvide: ERC y el BNG son camaradas políticos de Bildu. Forman una piña en forma de granada.

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