Ralas las filas, flojas y desgarbadas


La ministra de Defensa cree que se pueden vender armas, y bombas de alta tecnología, con la condición de que no se usen para hacer la guerra. También cree que la fragatas de última generación son como yates de recreo, que pueden dar escolta a un portaviones cuando navega cerca Santorini, pero que debe volver a Puerto Banús -por ejemplo- ante el menor riesgo de conflicto. También Zapatero estaba convencido de que la pertenencia a la OTAN, o la firma de acuerdos bilaterales con nuestros estrechos aliados, solo implica la acción humanitaria, pero que en modo alguno son legítimos cuando el primo de Zumosol se mete en el avispero y nos manda a patrullar un mercado de Bagdad. E incluso Pedro Sánchez parece haber asumido que la OTAN es como el Congreso, donde los socios tienen la obligación de defenderte y disuadir a Putin de sus ramalazos zaristas, sin que tú tengas que dar nada a cambio, ni una escolta al gendarme americano, ni una dirección general del ministerio de Pedro Duque al mendicante Iglesias.

 En este momento, en un mundo de creciente inseguridad, ni España ni Europa tienen más defensa real y efectiva que la que nos prestan los Estados Unidos a través del formalismo de la OTAN. Aún así, dado que los europeos nos creemos el centro del mundo, resulta posible mirar para otro lado, silbar la muiñeira y llevar el compás con el pie derecho, para dejar que el Pentágono nos haga los dos trabajos, el limpio y el sucio. Pero lo que no se puede hacer es montar el show de las Azores, o el sainete de la fragata, para después dar la espantada al menor atisbo de riesgo y compromiso. Porque, aunque es obvio ellos se arreglan solos, y hasta es posible que podamos estorbarles, lo que no se puede contradecir impunemente es el más sagrado de los deberes militares, que consiste en mantenerse a pie firme cuando asoma una nube a 500 kilómetros de distancia.

También la UE -donde nadie quiere mojarse- podría tomarnos por cantamañanas si, después de dar la tabarra diaria con la defensa y la política exterior común, acabamos sembrando dudas sobre nuestra capacidad de ser solidarios, de estar a las duras y a las maduras, y de no ponernos de perfil con Venezuela, por ejemplo, o con la escolta de la VI Flota.

Menos mal que Kichi, el alcalde de Cádiz, aún no se dio cuenta de que el paseo de la fragata junto al portaviones era en realidad un escaparate para venderle a Trump veinte naves iguales. Porque si lo percibe, o salen en huelga los trabajadores de Navantia-San Fernando, la «Méndez Núñez» recibiría la orden de dar la vuelta y entrar la primera en el golfo de Ormuz, ya que, aunque vemos la defensa de Occidente como un tema baladí, el posible despido de un solo soldador de chapa nos haría poner en guardia, y cargar contra Irán -¡recuerden las bombas!-, al estilo de la Brigada Ligera. Porque en España se pasa del «prietas las filas, recias marciales» al «ralas las filas, flojas y desgarbadas» -o viceversa- con la velocidad del rayo y la ilegible trayectoria de un pollo sin cabeza.

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