El caso Iceta baja a Sánchez a la tierra

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Toni Albir

Si, como dicen, la grandeza de un político se midiera por la talla de sus enemigos, en el caso de Miquel Iceta deberíamos concluir que su grandeza es más bien escasa, porque los independentistas que le han dejado compuesto, sin escaño y sin presidencia del Senado no son precisamente unos lumbreras. Pero de este lamentable episodio, que constituye el peor de los augurios para una legislatura que todavía no ha echado a andar y que algunos creían que iba a ser un camino de rosas, no tiene la culpa el líder del PSC, sino el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que todavía no ha comprendido que una cosa es que ganara las elecciones y otra que con 123 diputados pueda hacer lo que le venga en gana sin pactar con nadie. Los independentistas acaban de bajarle a la tierra demostrándole que fiarse de ellos es el mejor pasaporte al precipicio político.

Confieso que a estas alturas ignoro si se trata de una treta más de la factoría Iván Redondo o si de verdad Sánchez creía que los separatistas iban a servirle en bandeja, y sin pasar antes por taquilla, la supuesta jugada maestra de situar en la presidencia del Senado a alguien que confunde la justicia con la equidistancia y que ha hecho del tercerismo su guía de acción política, sea cual sea la cuestión a debate. Pero hay que ser realmente un ingenuo para pensar que quienes han pisoteado la Constitución, han secuestrado el Parlamento catalán y han desobedecido reiteradamente a la Justicia iban a tener algún remilgo en pasarse por el forro la cortesía y las costumbres parlamentarias o en retorcer la ley para torpedear de manera antidemocrática la candidatura de Iceta. Sánchez empieza a comprender que para cabalgar el tigre independentista tan inútil resulta el tancredismo como el buenismo. Y que para reconducir el gravísimo conflicto catalán le va a hacer falta algo más que culpar de todos los males al PP y a Ciudadanos y hacerle guiños al independentismo, porque a quienes han sido capaces de apoyar un golpe lo mismo les da arre que so. Lo suyo es imponer su discurso totalitario y excluyente.

Aunque si hablamos de cortesía parlamentaria no hay mucha en el hecho de que Sánchez anunciara que Iceta presidiría el Senado antes siquiera de que fuera designado senador, es cierto que, sea legal o no, que ya lo decidirá el Constitucional, resulta impresentable que se impida al PSC decidir quién debe representarle en la Cámara Alta. Pero no comparto en absoluto la opinión de que convertir a Iceta, un eterno apparatchik del PSC, en presidente del Senado era una gran idea. Defender el indulto a los líderes del procés antes de que se celebre el juicio o sostener que podría haber un referendo de secesión «en diez o quince años» no son las mejores credenciales de prudencia y mesura como para convertirse en la cuarta autoridad del Estado. De momento, antes incluso de ser investido presidente, Sánchez el estadista ha conseguido ya una proeza con su fracasada maniobra. Que su primera gran derrota se produzca precisamente en el Senado, donde dispone de mayoría absoluta.