La locura de Daenerys


Los mitos son hijos del tiempo y de la distancia. Brillantes, poderosos y seductores cuando se les contempla desde la lejanía o el pasado; defraudan ante los escrutinios intensos, las miradas próximas o los escenarios abiertos. Empalidecen ante cualquier evolución.

Podemos idolatrar a políticos muertos o que se echaron a un lado, a futbolistas retirados, a cantantes que ya cerraron su etapa más gloriosa o a escritores que ya no publicarán más. Pero no parece sensato rendir homenaje incondicional a alguien que aún puede sorprender o cambiar. Y más aún a una criatura de ficción de la que ignoramos cuál va a ser su destino.

Decenas de españolas se llaman Daenerys, como la protagonista de Juego de tronos. A algunos simplemente les parecería bonito. Otros lo hicieron pensando en que ponían a sus hijas un nombre de heroína feminista y libertadora. Ellos y otros fans pasaron por alto que la madre de dragones y rompedora de cadenas nació en una obra literaria inacabada y que se hizo popular en una magnífica serie a la que aún queda un capítulo por estrenar. No quisieron ver como la hermosa reina, megalómana y casi siempre a un solo chupito de la borrachera de poder, forjó su imperio con ríos de sangre y fuego. Cuando construyes un imaginario, nunca es fácil aceptar otra realidad. O la locura.

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