Pablo Casado y Napoleón Bonaparte


Como Napoleón Bonaparte en 1808, la derecha parece creer que ganar Madrid es vencer en España. Es comprensible que en la noche de ayer Pablo Casado utilizase la doble victoria en la capital y su comunidad para maquillar la derrota en el conjunto del país, lo que sorprende más es que Francisco Maruhenda convirtiese a su Razón en émulo de Le Moniteur y titulase a toda plana: «Casado gana la segunda vuelta». En ABC el optimismo es más matizado y no solo en el titular, la «Tercera» de Ignacio Camacho pone un contrapunto de realismo a la exaltación casadista del editorial.

El secular bonapartismo centralista de nuestros conservadores no puede ocultar la realidad, Asturias repitió su 25 de mayo, como casi todas las provincias del reino, por utilizar el término de la época. Si alguien ganó el domingo en España fue el PSOE, que incluso aumentó su porcentaje de voto: del 28,7% del 28 de abril al 32,82% de las europeas del 26 de mayo. Una mayoría relativa, sin duda, pero el conjunto de la izquierda ganó a las tres derechas en votos y en escaños. Por otra parte, los nacionalistas e independentistas periféricos más que duplicaron los votos de un desvaído Vox. Siguiendo con las referencias históricas, podría decirse que Guifré el Pilós derrotó a Don Pelayo.

Bromas aparte, con su victoria en las europeas, la mayoría de las autonomías y las municipales en su conjunto, el PSOE consolidó el resultado que había obtenido en las generales. El PP volvió a sufrir una derrota histórica, aunque su fuerte implantación en la mayoría de España y el especial carácter de las elecciones regionales y locales frenase su hundimiento. No parece que haya llegado su Waterloo, si bien, como Napoleón en los «cien días», Casado probó a hacer de moderado emperador liberal con un éxito muy limitado. Es posible que haya tocado suelo, pero, desde luego, estaba bastante bajo. Si fuese así, quien habría tocado techo sería Ciudadanos, que puede estar satisfecho por haber crecido, pero continúa sin ser capaz de ganar unas elecciones; llamar victoria a su resultado en las autonómicas de Cataluña, en las que Inés Arrimadas ni optó a la investidura, no pasa de la mera propaganda. Habrá que ver si elige ser partido bisagra o apoyo menor del PP.

Será interesante comprobar lo que sucede en Castilla y León. La clara victoria del PSOE en la comunidad prueba que existe deseo de cambio ¿apoyará Ciudadanos al partido más votado? ¿Le permitirá gobernar con su abstención? ¿Permitirá que siga el «régimen» a pesar de la voluntad de los votantes? No me gusta ese término, pero ellos lo aplicaban en Andalucía.

El fracaso de Podemos fue incluso más rotundo que el del PP, la pérdida de las alcaldías que había logrado hace cuatro años es imperdonable y condiciona sus posibilidades de aparecer como partido de gobierno. En las municipales y autonómicas se combinan más que en las generales dos factores decisivos: la credibilidad del partido y la popularidad de los candidatos. Si a divisiones internas difícilmente comprensibles para los electores se suma una gestión ineficaz, o que no satisface las expectativas de la ciudadanía, la derrota es inevitable. En Madrid, una plaza muy difícil para la izquierda, pesó más lo primero. Carmena fue la más votada, bajó ligeramente, pero también lo hizo el PSOE y con la candidatura de Sánchez Mato, que Pablo Iglesias llegó a apoyar muy poco veladamente, se perdieron casi 43.000 votos que hubieran podido ser decisivos. Kichi demostró en Cádiz que lo difícil no es imposible, lo mismo que Francisco Guarido en Zamora, sin duda los vecinos consideraron en ambos casos buena su gestión, lo que compensó la debilidad de sus partidos. Parece que en otros sitios fallaron tanto los partidos o coaliciones como los gestores. En las autonómicas, el caso de Castilla-La Mancha, como sucedió en Gijón, muestra que el sectarismo se paga.

Son muchas las cosas sobre las que debe reflexionar Podemos, también IU. Sería injusto echarle toda la culpa a Pablo Iglesias, pero no solo se debe a la hostilidad de la prensa que se haya consolidado la imagen de un líder vanidoso y autoritario, siempre entre los peor valorados en las encuestas, por muchos incondicionales que tenga dentro de casa.

Habrá que ver qué sucede con los Más Madrid sin Carmena y sin gobierno ¿Intentará Íñigo Errejón reconstruir un Podemos acorde con sus planteamientos en toda España? ¿Sobrevivirán como organización madrileña? ¿Fueron meras candidaturas ocasionales? Su resultado fue bueno, aunque insuficiente, pero está en el aire si será posible consolidar una opción de izquierda entre Podemos-IU y el PSOE o si acabaría siendo una más de esas iniciativas que solo sirven para favorecer las victorias de las derechas.

Hay casos, como el de Asturias o el ayuntamiento de Gijón, en que triunfó el partido más que el candidato. Ni el señor Barbón ni la señora González deben olvidarlo, dentro de cuatro años sufrirán el examen de la ciudadanía. Sorprende aquí la ceguera de las derechas, que jugaban en terreno adverso, pero parecían ignorarlo, muchas veces los partidos se creen su propia propaganda, algo que sin duda facilitó la victoria de las izquierdas y, sobre todo, del PSOE. En el fondo, es lo mismo que les sucedió a Podemos e IU en Madrid.

Vox será imprescindible para permitir que gobierne el PP, acompañado de Ciudadanos, en bastantes ayuntamientos y varias autonomías, pero, para ser un partido nuevo que no se ha quemado en tareas de gobierno, sus resultados son francamente malos. Se afianza la excepción ibérica, todavía persiste el recuerdo de Salazar y de Franco, la memoria histórica no es tan tenue como a veces se piensa.

Hay casos curiosos, como el de León, en que todos perdieron y quieren convencer de que ganaron: el PSOE, tras largos años de oposición en los que sobre todo dedicaba el tiempo a oponerse a sí mismo, solo consiguió empatar a concejales con un PP que bajó todavía más; este dice que está contento porque, como suele suceder en esa ciudad, la mayoría es de derechas, aunque ellos pierdan; Ciudadanos, fiel escudero del alcalde saliente, quedó como estaba; Podemos e IU, que fueron por separado, se hundieron; solo subieron VOX y la UPL, pero no sacaron más de dos concejales cada uno, a ver qué deparan los pactos.

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