Urnas y cunetas


Eran las 13.15 de la tarde del domingo 26 de mayo de 2019, colegio electoral Sito en la antigua plaza del pescado de Trascorrales en la capital del Principado de Asturias.

Tres besos. Uno a la papeleta blanca, un segundo a la de color azul y un tercero a la salmón.

Tres besos sella una anciana de 95 años en el DNI; pero con el corazón joven y la memoria fresca como las rosas de abril.

Tres besos como tres soles eleva al paso del tiempo y con ellos rescatar de la muerte traidora a su padre que todavía, a día de hoy, yace en el anonimato de una cuneta, sin que su hija, la mayor de cinco hermanos, haya podido identificarle ni, por supuesto, poder dar digna sepultura o, por lo menos, el adiós de hija que ella, siendo niña, le hubiera gustado.

Al acabar de ejercer su derecho al voto, el apoderado -en este caso- apoderada de un partido, le dio un beso cariñoso, justa recompensa por este acto valiente… ¡95 años!

Y ella, con una energía juvenil y una voz clara, pronuncia esta sentencia: «Ahora que he depositado las papeletas en las tres urnas, me gustaría colocar una bomba en el Valle de los Caídos y ejecutar justicia y no traición».

No puede ser que, todavía en 2019, unos tengan relucientes sepulturas y otros, en cambio, yazcan en cunetas de cascajo o parda arena como animales salvajes sin la dignidad de las personas humanas.

Así es de duro, pero real como la vida misma; este hecho perdido en la historia negra de estas dos España que aún transitan por sendas paralelas y alejadas de sellar con dignidad, elegancia y justicia la brecha que se abrió de forma irracional y que en estos largos 80 años sigue abierta por ausencia de diálogo y lealtad.

Ya quedan pocos españoles vivos que puedan clamar en el desierto este reparo y reconciliación.

Hay que, de una vez por todas, buscar la fórmula algorítmica que formule la ecuación adecuada para que, por fin, en la memoria de cada español crezca fresca y lozana la planta de la unión.

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