Verónica o la nueva Prétide


Se equivocó Plauto, y con él Hobbes al copiarlo, al escribir que «el hombre es un lobo para el hombre». En la naturaleza solo hay una alimaña, el hombre. Por eso solo cabe decir: el hombre es un hombre para el hombre, y afinando más: el hombre es un hombre para la mujer.

Verónica, 32 años, casada, madre de un bebé y un niño, enloqueció y se suicidó en Madrid porque un hombre lanzó a la red de las feroces redes un vídeo antiguo de su cuerpo desnudo buscando el orgasmo, y porque ese vídeo fue pasándose hasta llegar a unas 2.000 terminales de sus compañeros de trabajo en Iveco.

Las Prétides eran hijas de Preto, rey de Argos, y Dioniso las enloqueció en venganza por haber sido rechazado por ellas. Parece que el primer clic que subió a la red la intimidad sexual de Verónica lo dio un amante despechado. Luego llegaron los insultos y las vejaciones (nada originales: las que recibe habitualmente toda mujer) de hombres que la vieron en sus teléfonos.

Sin embargo, ella aún no había perdido la cordura, aunque se hallaba en el límite. La dirección de la empresa esquivó a la joven argumentando que era un «asunto personal». Será un juez quien dirima si es un asunto personal que en una fábrica los móviles se agiten con la buena nueva de Verónica masturbándose o jodiendo. Y el remate: alguien babeó al anunciar esa buena nueva al esposo. Y Verónica fue adoptada por Preto: la nueva Prétide.

No hay seres bestiales en los océanos, ni sobre la corteza terrestre, ni sobrevolando esta. Pero sí hay uno que ocupa los tres nichos, y es sádico.

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