Carmena y la insoportable levedad del poder


Tiene magdalena y media fuera de la alcaldía porque ganar, ganó, pero la democracia es sumar, y no suma. Salvo una sorpresa más grande que la Casa de Campo, aunque aquí todo es posible -que se lo pregunten a la ministra Celaá-, Manuela Carmena está estos días haciendo sus últimos servicios al pueblo de Madrid. Ayer, acompañando a la reina Letizia por las casetas de la feria del Libro. En protocolo, y no solo, fue mejor alcaldesa que su amiga Colau. Pero ayer la procesión se le salía por fuera. En la feria del Libro, la cara de Carmena fue un poema. Su rostro es el de una persona que está físicamente en un sitio y con la cabeza en otro, quién sabe si barruntando que las carambolas, cuando hay tanto en juego, no se dan. Difícil digestión que un día mandes un huevo y al siguiente te manden para casa. Sí, el hambre de poder es una cosa que no se cura con la edad.

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