Un rencor político nunca visto


El día que Pedro Sánchez decidió sacar a Franco del Valle de los Caídos adoptó una decisión política coherente consigo mismo y con sus votantes. Se apoyó, además, en una moción del Congreso de los Diputados que le daba toda la legitimidad. Lo que no supo fue ejecutar su propia decisión. Cada paso que dio contó con el aplauso de la izquierda y el beneplácito de gran parte de la derecha, pero cometió errores o tropezó con algún obstáculo. Se puede decir que entró en el Valle de los Caídos como elefante en cacharrería. No supo prever los derechos de la familia. Provocó el enfrentamiento ideológico con fines electorales. No contó con que había cuestiones legales que deberían dirimir los jueces. Y así, su último fracaso fue señalar el próximo lunes como el día del gran traslado y una sala del Supremo le desbarató el calendario.

Esto último es un retraso, porque la comunicación del tribunal no cierra la puerta al traslado de los restos. Tarde más o menos se producirá. Pero los efectos que ha producido son perniciosos. El alto tribunal ha vuelto a sufrir un asedio crítico comparable al causado por el impuesto de las hipotecas, agravado ayer por la dura nota de la asociación Jueces por la Democracia. En el ámbito político se ha producido una confrontación que lleva a los defensores de la exhumación a hablar de Franco como un genocida y a los detractores a defenderlo como si hubiera tenido cualidades divinas. Y en el ámbito de la opinión publicada, un juego de desinformaciones que quizá alcanzaron su cénit en un programa de TVE donde un tertuliano atribuyó a Franco dos millones de muertes, además de los fusilados, encarcelados y exiliados.

Lo peor es el clima de rencor que se detecta. Se habla a favor o en contra de Franco con un odio que no habíamos percibido en los 44 años transcurridos desde su defunción. El esfuerzo de reconciliación que hizo este país cuando tenía todas las heridas recientes se fue convirtiendo en algo parecido a la revancha, comprensible en las víctimas del franquismo, pero difícil de entender en las nuevas generaciones. ¿No hay forma de recuperar el equilibrio? ¿No hay forma de dar justa satisfacción a las víctimas sin abrir nuevas brechas en la sociedad? Parece que no. La resolución de un recurso por unos jueces, como corresponde a un Estado de derecho, se presenta como un triunfo de la dictadura. Va a tener razón Pedro Sánchez, que abrió la compuerta, pero tuvo la serenidad de decir: «Si hemos esperado 40 años, no pasa nada por esperar unos meses más». Pero hay mucha gente, y muy influyente, que quiere hablar de vencedores y vencidos.

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