Final de partida

OPINIÓN

12 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Más de dos semanas después de las elecciones, ni el tiempo ni la ciclogénesis Miguel han logrado eliminar de nuestras calles todos los restos de propaganda política. Los candidatos, vistos desde ahora, agarrados todavía de algunos muros y farolas, con las manchas y arrugas propias de la intemperie, parece que llevasen ya escrito en sus caras el resultado final cuando posaban ilusionados en el inicio de la campaña de las autonómicas de Asturias.

No hubo demasiadas sorpresas. Tal vez no se esperase un triunfo tan contundente del PSOE, una resistencia tan seria del PP o un crecimiento tan raquítico de Ciudadanos, pero el resultado entra dentro de lo previsible. Auguran los analistas un gobierno en solitario del PSOE apoyado en los seis diputados a su izquierda o en los cinco de Ciudadanos en función de la agenda y el capricho de cada cual. Menos previsibles y comentados son los efectos del resultado en las agitadas vidas internas de los partidos.

En el PP asturiano, Mallada, pese a la derrota, salvó la subida a la red de Cherines en la bola de partido. Coherente con su lema («Ilusión por Asturias», dice la mitad de Teresa Mallada todavía desde el suelo de una marquesina en un desvió de la N-632 hacia Argüero), no recordamos otro candidato tan feliz tras un fracaso electoral tan rotundo. Derrotada y prejubilada, pero ilusionada, Mallada sólo espera el momento oportuno para fulminar a Mercedes Fernández, antes de agosto, a poder ser, para empezar el curso libre de lastre.